sábado, 22 de marzo de 2014

COMO HACER UN BABY SHOWER CRISTIANO

Baby Shower Bíblico
Si desea organizar un Baby Shower Bíblico, aquí hemos publicado una guía paso a paso para realizarlo .
Monición:
Nos hemos reunido hoy con el objeto de festejar la llegada de nuestro bebito a este hogar.

Esta fiesta es un “animarnos a todos” a dar la bienvenida a este bebe para que encuentre una familia Verdadera, es decir:
- una familia espiritual, comprometida en seguir a Cristo
- una familia , reunida en torno a nuestro creador
- una familia fraternal, reunida siempre en torno a las necesidades para la ayuda mutua.

También queremos MOTIVAR a los papás de este nuevo bebe, ya que han dado testimonio de su amor y el Señor los ha bendecido con el nuevo fruto de ese amor en un bebe.
Han dado testimonio de su cuidado esmerado que tendrán para este bebe.
Serán los Educadores en la fe de su bebe, mediante el conocimiento que les ha dado  Dios y a través de su testimonio, irán procurando vivir su fe.
Lecturas: Vamos a hacer la lectura de la Palabra de Dios que será luz para todos nosotros.
Primera Lectura: Mateo 2: 1-11   
Segunda Lectura: 1ª Corintios 13:4-8 ...
Tercera Lectura: Marcos 10:13-16  Lucas 1: 80   Juan 3: 3-6.


ORACIÓN DE PRESENTACIÓN Y GRATITUD
Hoy es un día muy Especial,
pues festejamos
la llegada de un miembro más a este hogar y a nuestra familia.
Permite Señor
que podamos brindar amor  a este hermoso niño
que nos has dado
y permítenos a nosotros
guiarlo por tu camino
Hoy, Señor
te presentamos ante ti, a –“diga el nombre del bebe”
estamos ante ti con un corazón abierto
como el de María y así
conocer tus designios.
Danos fuerza suficiente
para que perdamos los miedos
y podamos ver claro
el proyecto de vida
que le tienes.

Y danos
la sabiduría
para saberlo guiar.
Amén.
Me has dado un hijo
y te pedimos por piedad
le concedas el don
de ser uno hombre de paz.
Que nunca forme barreras
para hacer la caridad
y sea honesto consigo mismo
y que viva en hermandad.
Y dale a su pensamiento
sabiduría para comprender tu voluntad
y lo lleves por caminos
iluminados de fe.
Que nunca pueda la ira
hasta sus manos llegar
y le acompañe tu amor
para librarlo del mal.
Y que oiga en su conciencia
la voz de tu amor.
Y líbralo de la avaricia
infamia, odio y traición.
Concédele la bendición de seguirte en amor
y que sea un hombre íntegro.
Gracias, Señor Jesucristo, gracias
por tú  inmensa bondad.

ENTREGA DE OBSEQUIOS
En todos los “babyshowers” se reúnen las amigas de la nueva mamá, conversan, conviven, formulan buenos deseos y ofrecen regalos.
Vamos ahora a realizar una procesión con los obsequios que le ofrecemos al nuevo integrante, como símbolo de las importantes funciones que realizará esta madre, pensando siempre que servir es reinar, que Dios ama al que da con alegría. 2ª corintios 9: 6-11
(Nombre de los padres), hoy los encomendamos a Dios para que con su inmenso amor les de  sabiduría, alegría, diligencia y cariño en sus tareas como padres.

Cada uno de estos obsequios que hemos traído hoy simbolizan una tarea y responsabilidad que deben desempeñar en la crianza de su nuevo bebe:
Cobija: Esta cobija que representa el calor, no nada más corporal, el que transmites ya desde ahora a tu hijo, sino también ese calor que trasmitido a través del amor, que lo acompañará en cada momento de su vida, cuando lo mires, o lo acaricies, o escuches su voz, cuando se te necesite o tú lo necesites. 1ª corintios 13: 4-8.
Silla: Cuna: Representa los brazos, el apoyo de ustedes, sus padres, que lo protegerán y le ayudarán a crecer con amor y seguridad. Que cuando crezca los encuentre extendidos siempre que los necesite. salmo 139:10.
Estuche de Limpieza: Contiene todo lo necesario para que cada día puedas asearlo y mantenerlo limpio, tranquilo y contento. Significa el cuidado que tú y tu esposo pondrán en su educación, para que esa limpieza externa sea un reflejo de todas las actitudes de su vida. Proverbios 22:6.
Ropa: Servirá para proteger su cuerpecito, que irás cubriendo de acuerdo a las diferentes épocas del año, y conforme vaya creciendo y aumentando de talla. Son como los Dones y las Gracias que recibirá en cada uno de los momentos que viva en las distintas etapas de su vida, y que irá haciéndolas crecer en la relación con ustedes, sus papás, con sus familiares y con sus amigos. Deuteronomio 6:1-9   Marcos 12:29-31.
Alimentos: Nos recuerdan que nuestro organismo, desde pequeños, necesita una dosis diaria de calorías, proteínas, vitaminas, minerales, etc. Para tener fuerzas y estar activos, en una palabra, para vivir sanos. Desde pequeño, ustedes le enseñarán a su hijito que hay otro alimento tan indispensable como estos que mencionamos y que son para nutrir nuestra vida espiritual: La palabra de Dios y la unión familiar que será un reflejo de lo que ustedes trasmitan como padres para que le aprenda a vivir en alegría y compañerismo con sus hermanos y amigos. 1 Pedro 2:2      Salmos119: 103-105    Génesis 28:14       Efesios 2:19.
Los Pañales: Son para mantener limpio a tu hijo, pero no sólo del cuerpo también de su espíritu. Haz de cuidar tu vocabulario y tus expresiones de enojo, y todo lo que pueda ser mal ejemplo para tu hijo, y cuando crezca, limpiarás sus malos pensamientos, las malas palabras y todo lo negativo que en el transcurso de su vida vaya adquiriendo, pues así estará siempre limpio de corazón para que pueda ver a Dios. Salmo 119:9-12     Proverbios 4:20-27           Mateo 15:17-20.
El Biberón: Te recuerda que debes alimentarlo con lo mejor, pero no olvides enseñarle a orar dando gracias antes de cada comida por el alimento, los bienes materiales y espirituales. Hechos 27: 35.
El Nombre: Llámenlo siempre por su nombre, pues así siempre le hablará Dios. El nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida. Isaías 43:1        Mateo 1:21,23.   
Babero: Con él protegerás al bebé y al usarlo en tu hijo recuerda que no lo aprisionarás; lo vas a corregir, pero no lo lastimarás. Amalo pero no lo sobreprotejas, para que siempre sea libre, como Dios lo ha creado. Efesios 6:4.
Carta para la madre:
Dios te envía esta carta, en ella te envía un mensaje...
Madre: Recuerda la responsabilidad en la fé que tienes, para que se la trasmitas a tu hijo, educándolo en una fé firme a las enseñanzas de Dios a través de Jesucristo, que nunca se avergüence de reconocer a Jesús y sobre todo muéstrale con tu ejemplo como platicar y confiar en Dios. Hebreos 11: 1-3,6.
Madre: le enseñaras a tu hijo a hablar con Dios 
Le juntarás sus manitos y les enseñarás a orar.
Madre: Le enseñaras que en el mundo no hay personas malas si no corazones desobedientes con Dios.
Lo cuidaras y lo defenderás a costa de tu vida. (Tus sueños y proyectos personales pasaran a segundo plano por que tu prioridad será el bienestar espiritual de tu hijo)
Madre: le enseñaras que cuando este triste debe venir a la presencia de nuestro Padre celestial. Tú le hablará siempre de Dios, y le enseñarás el camino, para que regrese a mi presencia, aunque yo siempre estaré en su corazón.
Madre: siempre llámalo  por su nombre  suavemente...
- porque así lo estará llamando  Dios para reconocerlo...
 ¿tú serás su  ángel?
+ MADRE: Tienes la tarea de enseñarle lo que Dios quiere para su felicidad y bienestar, guíalo siempre a la presencia de Dios para que nunca se olvide de su creador.
10 cuidados para tus hijos
1.   Sus manitos son pequeñas, por favor no esperes perfección cuando tiende la cama, hace un dibujo o lanza la pelota.
2.   Sus piernitas son pequeñas, por favor camina más lento para que pueda ir junto a ti.
2. Sus ojos no han visto el mundo como tú lo has visto, por favor, déjalo explorar, no lo limites innecesariamente.
3. El trabajo siempre está allí. Él será pequeño solo por un corto tiempo, por favor, tomate un tiempo para explicarle las cosas maravillosas que Dios ha hecho para él, hazlo con alegría.
4. Sus sentimientos son frágiles, por favor estés pendiente de sus necesidades. No lo grites todo el día (a ti no te gustaría ser gritado). Trátalo como te gustaría a ti ser tratada.
5. Él es un regalo especial de Dios, por favor atesóralo como Dios quiere que lo hagas, respetando sus acciones, dándole principios y valores que Dios le dejo con los cuales debe vivir, y enseñándole amorosamente.
6. Necesita tu apoyo y tu entusiasmo, no críticas, para crecer. Por favor, no seas tan estricta, recuerda, puedes criticar las cosas que haces sin criticarlo.
7. Por favor, dale libertad para tomar decisiones propias. Permítele que se equivoque, para que pueda aprender de sus errores. Así algún día estará preparado para tomar las decisiones que la vida requiere de él.
8. Por favor no hagas todo por él, de alguna forma eso lo hace sentir que sus esfuerzos no cumplieron con tus expectativas. sé que es difícil, pero no lo compares con los demás.
9. No temas alejarte de él por un tiempito. Los niños necesitan vacaciones de los padres, así como los padres necesitan vacaciones de sus hijos.
10. Llévalo a las reuniones donde se glorifica a nuestro Dios y dale ejemplo de vida espiritual, de tu amor por Jesucristo. él disfruta y Aprende, eso lo edificara en ser una personita de bien.
DISCERNIMIENTO DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS:
EL AMOR A LOS DEMÁS.
Éxodo 20:1-17.  Con la escalera que Jacob vio en su sueño. "Los primeros cuatro mandamientos de las tablas de la ley se refiere a Dios y constituye la parte superior de la escalera que llega hasta los cielos;
La segunda tabla o los últimos seis mandamientos se refiere a los superiores y los inferiores, y es la base de la escalera que descansa sobre la tierra.
Por medio de los cuatro primeros mandamientos caminamos religiosamente hacia Dios; por medio de la segunda ósea los otros seis mandamientos, caminamos religiosamente hacia el hombre.
El que no cumple con la segunda tabla, no puede cumplir con la primera tabla".

1 La verdad que encierra esta última afirmación debería ser evidente.
Del mismo modo que no nos podemos conocer a nosotros mismos, ni a los demás, si antes no hemos conocido a Dios, tampoco podemos tener un comportamiento adecuado hacia los demás sin haber actuado adecuadamente respecto a Dios, y viceversa.
Para servir a Dios debemos servir a las demás personas.  Tener "los pensamientos en las cosas de arriba ", es ponerlos en práctica al servicio terrenal".
LOS PRIMEROS CUATRO MANDAMIENTOS
Éxodo 20:1-11. Como vimos los primeros cuatro mandamientos nos enseña como amar a Dios.
El primer: en el mandamiento Dios se presenta  a su pueblo a hoy día a nosotros, aclarándonos que Dios es nuestro creador y que nos saco de la esclavitud del pecado y que él es uno y único. Y me da una orden, que sólo debo adorarlo a él
El segundo: mandamiento me enseña como adorarlo, el me da instrucción de que la adoración que él pide es no guardando  imágenes de nada de lo que él creo; ni de lo que está en el cielo, ni de lo que está en la tierra, ni de lo que está en las aguas debajo de la tierra. Ni de hombre, ni de mujer. Ni mucho menos elogiarlas ni servirlas, y que solo debo adorarlo a él.
Cumpliendo estas instrucciones le estamos demostrando nuestro amor y adoración.
EL TERCER: MANDAMIENTO me enseña que debo respetar
 y cuidar su nombre y su buena reputación, no dando mal testimonio, ni usándolo como excusa para justificar mis acciones, teniendo cuidado al interpretar su Palabra dando honor a él, respetando lo que me pide obedeciendo al pie de la letra.
EL CUARTO: MANDAMIENTO me enseña como acercarme a él, para llevar una relación directa y personal con él para mí beneficio, reuniéndome junto con mi familia y mis hermanos en la fe ante mi Señor y Dios, para dar gracias y exaltar su nombre por sus bondades y favores, y así recibir nuevas fuerzas, gozo y su consejo y dirección para nuestra vida.
JESUCRISTO RESUMIÓ ESTOS CUATRO MANDAMIENTOS diciendo Mateo 22:37-38. “amaras al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente, este es el primer y grande mandamiento.
Si lo amamos de esa forma, seremos beneficiados porque su amor estará con nosotros siempre, y esto indica tener una vida de gozo y prosperidad para sobrellevar las vivencias de este  mundo.

Dios siempre ha estado interesado en acercarse a nosotros, por eso nos perdonó y nos llamó para recuperar esa comunión con nosotros. Pero el hombre ha limitado esta relación a simplemente adorar a Dios en los cultos, en el cumplimiento de la ofrenda, diezmo, y predicar su palabra.
Convirtiéndolo así en un símbolo de adoración solamente para los momentos  de reunión.
Pero no lo tenemos en cuenta para tomar decisiones personales, en nuestra vida cotidiana para consultar y auto examinarnos si como vivimos o hablamos fuera de la congregación lo estamos agradando o no.
No se le rinde culto a Dios, sino que simplemente se participa y se asiste a un culto no le permitimos que cambie ciertos hábitos y costumbres de nuestra vida.
 Pero él es nuestro creador, y es él quien dice como quiere que le adoremos, él nos ayudara a hacerlo solo debemos disponernos para aprender cómo es que él quiere que lo adoremos y esforzarnos en complacerlo.
EL QUINTO MANDAMIENTO:
HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE
La segunda tabla de la ley comienza con la relación que existe entre una persona y sus padres. Esto es voluntario, ya que al tratar el tema de los padres, el mandamiento está dirigiendo la atención sobre la mínima unidad de la sociedad, la familia, que es fundamental para el resto de todas las relaciones y estructuras sociales. Pero la intención de este mandamiento también está incluyendo otras clases de "padres" y "madres".
También existen padres políticos (aquellos que ocupan posiciones seculares de autoridad), padres espirituales (los pastores y otros ministros cristianos) y aquellas personas que por su edad o experiencia también son llamadas padres.
Sin embargo, el quinto mandamiento tiene en mente a los padres naturales, los que viven en el mismo hogar. El quinto mandamiento es como sigue: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios da" (Ex. 20:12).
Significa que debemos respetar a quienes Dios ha colocado por encima de nosotros y tratarlos con "honor, obediencia y gratitud".
2- Este mandamiento está colocado sobre un fondo oscuro: el tan natural rechazo humano a cualquier tipo de autoridad.
Es por esto que la familia es de singular importancia en la economía divina. Si no se les enseña a los niños a respetar a sus padres, sino que se los deja sin castigo cuando desobedecen o deshonran a sus padres, más tarde en su vida también se rebelarán contra otras formas válidas de autoridad.
Si desobedecen a sus padres, luego desobedecerán las leyes de su país. Si no respetan a sus padres, luego tampoco respetarán a sus maestros, ni a los que poseen una sabiduría fuera de lo común, ni a los gobernantes electos, ni a muchos otros.
Si no honran a sus padres, tampoco honrarán a Dios. En este mandamiento encontramos la necesidad de disciplinar a los hijos, una responsabilidad explícita en la Biblia.
La Biblia dice: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios. 22:6).
También dice: castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma a destruirlo" (Proverbios. 19:18).
Por otro lado, cuando la Biblia exhorta a los hijos a que honren a sus padres, también está dirigiéndose seriamente a los padres.
Los padres deberían ser cariñosos para que sus hijos los honren.  En un sentido los hijos siempre deben honrar a sus padres:
otorgándoles el debido respeto y consideración, a pesar de sus limitaciones. Pero en otro sentido, tampoco pueden honrar cabalmente a una persona que no merece ninguna honra como, por ejemplo, un borracho, o un intemperante irresponsable.
El quinto mandamiento además está animando a quienes son padres a ser devotos, honestos, trabajadores, fieles, compasivos y sabios, ya que siempre es posible honrar y obedecer plenamente a alguien con estas características. Y, además, está fijando estos mismos estándares sobre aquellos que están en alguna posición de autoridad: los políticos, los líderes de industria y el trabajo, los educadores y todos quienes ejercen cualquier tipo liderazgo o influencia.
El sexto mandamiento: No matarás
El sexto mandamiento ha sido muchas veces mal interpretado debido a la traducción errónea de la palabra "matar", en la mayoría de las Biblias. La palabra en realidad significa "asesinar"; y la forma personal sustantiva de este verbo significa "homicida". Este mandamiento, tan corto, debería ser traducido: "No asesinarás".
La incapacidad de comprender esto ha conducido a algunos a citar la autoridad bíblica contra cualquier forma de matar.
Esta postura no considera que la Biblia reconozca la necesidad de matar animales Fundamentos de la Fe Cristiana,  para consumo alimenticio.
Decir que la palabra significa "asesinar" en lugar de "matar" no debería servir de consuelo para nadie, sin embargo. En la perspectiva bíblica, el asesinar se considera en un sentido amplio, y por lo tanto contiene elementos de los que todos somos culpables. Podemos traer a colación las enseñanzas de Jesucristo en el Sermón del Monte, que son de particular importancia.
En los días de Jesús y muchos años antes, el asesinato había sido definido por los líderes de Israel (y por otros también) como un acto meramente externo, y habían enseñado que el mandamiento solamente se refería a dicho acto.
"Pero, ¿acaso el asesinato es solamente eso?"
Preguntó Jesús.
"¿Asesinar no es nada más que el hecho de matar injustamente?
¿Qué ocurre con las motivaciones?
¿Qué ocurre con la persona que ha planificado matar a otra pero que luego es impedida de hacerlo por circunstancias externas?
¿Qué pasa con aquella persona que desea matar a otra, pero que no lo hace porque teme ser descubierta?
¿Qué ocurre con la persona que mata con la mirada o con las palabras?".
Desde la perspectiva de las leyes humanas, los seres humanos toman en consideración estas diferencias. Pero Dios pesa los corazones y por lo tanto también le conciernen las motivaciones.
Jesús dijo: "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio" (Mt. 5:21-22).
Pero el sexto mandamiento no prohíbe únicamente El enojo.  De acuerdo con Jesús, Dios tampoco perdonará ninguna expresión de desprecio. "Cualquier que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego"
(Mateo. 5:22).
Jesús estaba enseñando que, según los estándares de Dios, insultar o manchar la reputación de alguien constituye un incumplimiento del sexto mandamiento.
Es evidente que esta interpretación bucea en las profundidades de nuestro ser. No es de mucha ayuda recordar que existe algo llamado un enojo justo, o que existe una distinción válida entre estar enojado contra el pecado y contra el pecador.
Por supuesto que existe un enojo justo. Pero nuestro enojo no suele caracterizarse por ser justo; con frecuencia solemos enojarnos injustamente cuando consideramos que hemos sido real o imaginariamente agraviados.
¿Cometemos asesinato?
Sí, de acuerdo con la definición de Jesús, lo estamos cometiendo. Albergamos rencores. Murmuramos e insultamos. Perdemos los estribos. Matamos por negligencia, por despecho y por envidia. Y sin duda hacemos cosas aún peores, que podríamos reconocer si pudiéramos ver dentro de nuestros corazones como lo hace Dios.
EL SÉPTIMO MANDAMIENTO: NO COMETERÁS ADULTERIO
El séptimo mandamiento también es muy corto: "No cometerás adulterio". En el Sermón del Monte el Señor también amplía este mandamiento, explicando que también se refiere a los pensamientos y las intenciones del corazón, además de referirse a los actos externos.
Además, lo vincula con una consideración apropiada sobre el matrimonio cuando condena el divorcio.
Dice: "Oísteis que he dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón... También fue dicho:
Cualquiera que repudie a su mujer, déle carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada comete adulterio" (Mateo. 5:27-28, 1-32).
De acuerdo al punto de vista que Jesús tenía sobre la ley, la lujuria es equivalente al adulterio, del mismo modo que el odio es equivalente al asesinato.
Los estándares de Dios son la pureza antes del matrimonio y la fidelidad en el matrimonio.
No hay ningún otro tema de la moralidad contemporánea que sea tan conflictivo con los estándares bíblicos.
Los medios de comunicación incitan al sexo, promueven el materialismo y la persecución del placer.
La televisión inunda nuestras salas de estar con publicidad cargada de sexo.
Las películas son todavía Fundamentos en contra de la Fe Cristiana, peores; los mejores barrios de nuestras ciudades tienen salas de cine donde se estrenan películas condicionadas o excitantes películas de horror.
Los periódicos publicitan estas películas con láminas que habrían resultado escandalosas hace unos pocos años e informan con lujo de detalles los crímenes sexuales que antes los periódicos serios evitaban.
El gusto del siglo veinte está simbolizado por la llamada filosofía 'playboy'. Los logros dudosos de la revista Playboy fueron trasladar la explotación del sexo de las cloacas, utilizar una impresión de buena calidad en un buen papel, y vender la vista a millones de personas, junto con la filosofía que hace del placer la meta principal en la vida -en el sexo como en todas las demás áreas-. El gusto hace que el placer personal sea el objetivo número uno; es el conseguir una segunda casa, un tercer automóvil, los amigos correctos, así como la libertad sexual y la experimentación.
Playboy y muchas otras revistas similares, predican tanto la importancia de elegir el mejor compañero sexual.
El problema no es la revista Playboy en sí, sino la filosofía del "placer en primer lugar" todo lo que contribuya a mi propio placer debe ser colocado en primer lugar, y en la  persecución del placer ninguna norma es válida.
La mención de normas nos conduce a otro desafío de la ética bíblica, la llamada Nueva Moralidad De acuerdo con este enfoque, la fornicación y adulterio no son necesariamente malos.
El bien o el mal lo enfocan al acto de  "ayuda" o "lastima" a otra persona. De manera similar, el mentir, el robar, el libertinaje, y muchas otras cosas que hasta ese entonces habían sido consideradas como malas, no deben ser necesariamente evitadas.
Como respuesta a la Nueva Moralidad debemos decir que el amor podría ser una guía adecuada para el curso de acción correcto si fuéramos capaces de amar como ama Dios y con pleno conocimiento de la situación y de todas las consecuencias de nuestras acciones. Pero no somos capaces de amar de ese modo.
Nuestro amor es egoísta.  Además, no podemos conocer todas las consecuencias que nuestra acción "desinteresada" y "generosa" pueda tener.
Una pareja puede decidir que mantener relaciones sexuales antes del matrimonio les será beneficioso y que ninguno de ellos se verá perjudicado.
Pero no lo puede saber con certeza, y muchos, si no todos, que han razonado de esta manera se han equivocado.
Hay demasiada culpa, demasiados patrones de infidelidad profundamente incorporados, y demasiados niños no deseados, y la Nueva Moralidad, la proclama "Si te hace sentir bien hazlo" se ha convertido en el santo y seña de nuestra época.
¿Debemos aceptar este nuevo estándar?
A la luz de los mandamientos de Dios en el Sermón del Monte, el cristiano debe responder que "No
 No somos puros antes del matrimonio ni fieles después si tomamos en cuenta también nuestros pensamientos, y muchas personas no solamente pecan con su pensamiento. ¡Qué lejos estamos de lograr los estándares de Dios!
¡Cuánta miseria hemos traído sobre nosotros y sobre otros como consecuencia!

EL OCTAVO MANDAMIENTO: NO HURTARÁS
La norma que dice que una persona no debería hurtar ha sido generalmente aceptada por toda la raza humana, pero sólo la religión bíblica muestra por qué hurtar está mal.
Todo lo que una persona justamente posee le ha sido impartido por Dios. "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces"(Santiago   . 1:17).
Por lo tanto, robar a alguien es pecar contra Dios. Por supuesto, los hurtos también constituyen una ofensa contra los demás. Podría perjudicarlos si no pudieran compensar la pérdida. Podría humillarlos, ya que no los estaríamos considerando dignos de nuestro respeto o amor. Pero también aquí estamos pecando contra Dios ya que él es quien le asigna el valor a cada persona. Vemos un ejemplo de este punto de vista en el grandioso salmo de confesión que escribió David.
Si bien le había robado a Betsabé su buen nombre y hasta había matado a su esposo, David dijo, hablando con respecto a Dios: "Contra ti, contra ti solo he pecado" (Salmos.51:4).
No debemos creer que hemos cumplido con este mandamiento por el simple hecho de que nunca nos hayamos introducido en un hogar extraño y nos hayamos retirado luego de sustraer la propiedad de otro.
Podemos hurtar a distintos sujetos: a Dios, a otros y a nosotros mismos. Podemos hurtar de diversas maneras: a hurtadillas, por medio de la violencia, o por medio de engaños. Hay muchos objetos que pueden ser robados: el dinero, el tiempo, e incluso la reputación de una persona.
Estamos hurtándole a Dios cuando no lo adoramos como deberíamos o cuando colocamos nuestros intereses antes que los suyos. Estamos hurtándole cuando dedicamos nuestro tiempo para gratificarnos personalmente y no compartimos con otros el evangelio de su gracia.
Le hurtamos a un empleador cuando no trabajamos como somos capaces de hacerlo o cuando nos tomamos recreos más largos o nos retiramos antes de la hora de salida. Le hurtamos cuando malgastamos la materia prima con la que estamos trabajando o utilizamos su teléfono para mantener extensas conversaciones personales, en lugar de cumplir con las tareas asignadas.
Estamos hurtando si, como comerciantes, cobramos demasiado por nuestros productos o intentamos hacer "un negocio redondo" en un campo lucrativo. Estamos hurtando cuando vendemos un producto de calidad inferior como si fuera de mejor calidad. Le hurtamos a nuestros empleados cuando los hacemos trabajar en un ambiente laboral perjudicial para su salud o cuando no le pagamos un salario digno que les garantice una calidad de vida saludable y adecuada. Estamos hurtando cuando no administramos correctamente los dineros de otros. Estamos hurtando cuando tomamos un préstamo y luego no lo saldamos en fecha, o no lo pagamos.
Nos robamos a nosotros mismos cuando malgastamos nuestros recursos, ya sea el tiempo, los talentos o el dinero. Estamos hurtando cuando gozamos de nuestros bienes materiales, mientras otros deben llevar una existencia de extrema necesidad: sin alimento, ropa, vivienda, o cuidados médicos. Estamos hurtando cuando nos volvemos tan mezquinos que acumulamos y ahorramos dinero hasta el extremo de robarnos a nosotros mismos no cubriendo nuestras necesidades.
El lado positivo de este mandamiento es evidente. Si debemos evitar tomar lo que le pertenece a otro, también debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para hacer que los demás prosperen, ayudándolos a lograr todo su potencial.
El Señor resume este deber en la Regla de Oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas" (Mateo.7:12).
No es posible evitar ver que este mandamiento indirectamente está estableciendo el derecho a la propiedad privada. Si no hemos de tomar lo que pertenece a los demás, la base de esta prohibición es que evidentemente las personas tienen un derecho a lo que les pertenece, derecho que les es reconocido por Dios. Algunos enseñan que los cristianos deberían tener todo en común, al menos si son lo suficientemente espirituales, pero esto no es bíblico. Es cierto que por diversas razones históricas y sociales un grupo de personas eligieron poner todos sus bienes bajo una propiedad común, como lo hicieron los primitivos cristianos en Jerusalén por un tiempo luego de Pentecostés (Hechos. 2:44-45),
Algunos pueden ser específicamente llamados a vivir así, ya sea como un testimonio ante el mundo de que la vida de una persona no consiste sólo en la abundancia de las cosas que él o ella posea, o porque dicha persona está tan atada a las posesiones que debe liberarse de ellas para poder crecer espiritualmente. Jesús le dijo al joven rico que debía despojarse de todos sus bienes y dárselo a los pobres. Sin embargo, a pesar de estas situaciones especiales, ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento prohíben la propiedad privada de bienes, sino que por el contrario la endosan.
El caso de Ananías y Safira suele ser citado para apoyar la teoría comunal ya que fueron muertos por haber retenido una parte, de los ingresos que resultaron de una venta de una propiedad (Hechos. 5:1-11).
Su pecado, sin embargo, no fue la posesión de una propiedad sino el haber mentido a los miembros: de la iglesia y al Espíritu Santo. Habían pretendido estar dando todo cuando en realidad estaban reteniendo una parte. En relación a esto, incluso el apóstol Pedro reconoce su derecho a dicha posesión. "Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón?
No has mentido a los hombres, sino a Dios" Hechos. 5:3-4).
El hecho de que la Biblia establezca el derecho a la propiedad privada no hace que nos resulte más fácil cumplir con el octavo mandamiento. Lo hace mucho más difícil. No podemos evadir el hecho de que en muchas ocasiones le robamos a los demás lo que les corresponde; y el juicio de Dios nos convierte en ladrones.
EL NOVENO MANDAMIENTO: NO MENTIRÁS
Cuando hablamos del robo de la reputación de los demás en la última sección ya estábamos anticipando el noveno mandamiento: "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio" (Exodo. 20:16).
Este es el último de una serie de mandamientos relacionados con el respeto a los derechos de los demás, como una expresión del mandamiento a amar. Cuando insultamos a una persona le estamos hurtando su buen nombre y su posición social. "Este mandamiento no es solamente válido en las cortes de justicia. Si bien incluye el perjuro, también están implícitas todas las formas de escándalo y maledicencia, toda conversación ociosa y charlatanería, todas las mentiras y las exageraciones deliberadas y las medias verdades que distorsionan a verdad. Podemos hablar falso testimonio cuando atendemos a ciertos rumores maliciosos y luego los seguimos transmitiendo, o cuando usamos a otra persona para burlarnos de ella, creando impresiones falsas, o cuando no corregimos afirmaciones falsas, tanto por nuestro silencio como por nuestro discurso".
Nuestro deber hacia las demás personas es sólo la mitad del cuadro. No solamente estamos dañando a otra persona cuando damos un falso testimonio o juramos en falso. Nuestra no fidelidad a la verdad también deshonra a Dios.  
El es el Dios de la verdad y odia la mentira (Isaías. 65:16; Juan. 14:6).
La Biblia nos dice: "He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo" (Salmos. 51:6).
Nos dice que la persona que es obediente a Dios "no se goza de la injusticia, más se goza en la verdad" (1ª Corintios. 13:6).
Y también dice: "Hablad verdad cada uno con su prójimo" (Efesios. 4:25).
Esto no es fácil de llevar a cabo, como cualquiera que esté preocupado de su integridad personal puede reconocer. En algunas situaciones, mentir o al menos no decir toda la verdad, parece ser el curso de acción debido. En otras situaciones, el decir la verdad parece imposible. Para los hombres bien puede ser imposible; pero con Dios todo es posible (Lucas. 18:27).
¿Cómo podemos comenzar a crecer en esta área? El primer paso radica en tomar conciencia que "de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo. 12:34) y que el corazón solamente puede cambiar cuando el Señor Jesucristo toma posesión del mismo.
Si nuestros corazones están llenos de nuestro ego, entonces inevitablemente siempre usamos la verdad en beneficio nuestro. Pero si la verdad inunda nuestro corazón, como lo hará cuando Cristo lo controle, entonces lo que digamos será la verdad y crecientemente será de edificación para los demás.
EL DÉCIMO MANDAMIENTO: NO CODICIARÁS
El décimo mandamiento es quizá el más revelador y el más devastador de todos los mandamientos, ya que trata explícitamente la naturaleza interna que tiene la ley.
La codicia es una actitud de la naturaleza interna que puede, o no, expresarse en un hecho adquisitivo externo. Además, puede estar dirigida a cualquier objeto. El texto lee: "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciaras la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo" (Ex. 20:17).
Es asombroso lo moderno que es este mandamiento, y cómo golpea las raíces de nuestra cultura occidental materialista. Un elemento ofensivo de nuestro materialismo es la insensibilidad a las necesidades de los demás, la que muchas veces, a su vez, genera una insensibilidad hacia los pobres de nuestras ciudades y los carenciados del resto del mundo.
Pero aun más ofensivo que esto resulta nuestra insatisfacción irracional con toda nuestra abundancia de riquezas y oportunidades. Es cierto, no todo el Occidente es rico y tampoco hay nada intrínsecamente malo en querer mejorar nuestra suerte en una medida razonable, especialmente cuando ocupamos un lugar bajo en la escala socioeconómica. Esto en sí no constituye la codicia. Lo que está mal es desear algo por el mero hecho de que otra persona lo disfruta. Está mal desear constantemente poseer más cuando no tenemos ninguna necesidad. Está mal no ser felices con nuestros recursos escasos.
Desgraciadamente, la codicia es lo que los medios de comunicación de masas parecen haberse propuesto incorporar en nosotros para que nuestra economía, extravagante y dilapidadora, pueda continuar en expansión, aun cuando esto signifique perjudicar las economías de las naciones menos desarrolladas.
Pero también podemos apreciar nuestra codicia de otra manera. Muchos, particularmente las personas cristianas, están realmente felices con lo que Dios les ha dado. No son exageradamente materialistas. Pero son codiciosos con respecto a sus hijos. Quieren lo mejor para ellos, y en muchos casos pueden sentirse heridos y hasta rechazados cuando sus hijos escuchan el llamado divino para renunciar a la vida de abundancia material y dedicarse al servicio misionero o a algún otro servicio cristiano. El cumplimiento de la ley es vivir en amor para con Dios y para con los de más. Romanos 13:10-14.

COMO VIMOS ESTOS ÚLTIMOS SEIS MANDAMIENTOS SON PARA SABER COMO LLEVAR MI RELACIÓN CON MI PRÓJIMO Y EL SEÑOR LA ENCERRÓ EN UN SOLO MANDAMIENTO.
Mateo 22:39; dijo que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, porque cuando amamos a alguien no le causamos daño y así todos estos mandamientos nos enseñan el profundo amor de Dios para con nosotros y su deseo por que conservemos la vida que nos dio, ahora comprendemos el porqué de sus mandamientos y en toda la biblia nos encarga desde el principio hasta el final cumplirlos, pero con entendimiento al entender lo que realmente nos quiso decir en cada mandamiento  y con la ayuda de Dios podremos estar más vigilantes cuando el enemigo nos ataque; ya quedo más claro cuáles son los ataques del enemigo y cuál es el resultado de no tener en cuenta las recomendaciones para nuestro cuidado.
Jesús lo dejo todo encerrado en: amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo, y esto solo se puede lograr con un pleno conocimiento de lo que Dios quiere de mi y porque, el espíritu de Dios viene y hace posible ese sentimiento de amor sin fingimiento. Mateo 22:37-40. Lucas 5:30-48. Lucas 15:7, 18,21; 18:13.


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