sábado, 22 de marzo de 2014

CONOZCAMOS AL UNICO Y VERDADERO DIOS

Lección #8 –
- El Único y Verdadero ¡Dios! Y Sus
 Atributos
 “No hay nadie como tú....” – Miqueas, Moisés….
“Hijitos, guardaos de los ídolos.” 1 Juan 5:21

Nuestra Meta es Conocer Mejor - ¡Quien es el
Verdadero Dios!
Cuales son los conceptos erróneos que tenemos de
 Dios
Cuales son sus Atributos o (Características)
¡Prepárate! No hay nadie como la Persona que te presentamos en esta lección.

Su amor tierno ha suavizado los corazones más endurecidos, y su majestad ha humillado el orgullo desenfrenado de los reyes de la tierra. ¡Dios! No hay nadie como él.
 El conocerle es explorar un nuevo mundo, lleno de misterio, maravilla, y hermosura. Es la aventura de la vida.
¡Tenga cuidado! Después de saborear un poco de él, la búsqueda se vuelve una obsesión gloriosa, una adicción saludable.
¡Querrás más! Amárrate bien el cinturón, y nos zarpamos a las aguas profundas para conocer mejor. ¡Dios!

El Verdadero Dios – Personal y Trascendental
Dios es Personal –

QUIEN ES DIOS.
Dios es el creador de los cielos y de la tierra.
Génesis 1:1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Salmos 100:3.   -Nehemías 9:6.
Colosenses 1:16. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
Romanos 11:36. Isaías 42:5.  Salmos 8:3-9.

¿QUIÉN HIZO A DIOS?
Él es un ser que ha existido por sí mismo desde siempre.
Colosenses 1:17. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
Apocalipsis 1:8.  -Apocalipsis 22:13.

¿QUÉ ES DIOS?
ÉL ES ESPÍRITU: no tiene facciones ni
Características descriptivas, es  invisible, inmortal, impartido, incorpóreo, y sin limitaciones.
Y solo se percibe por el espíritu, y nunca por los sentidos corporales. Ya que él es un ser inmaterial.
San juan 4:24. Dios es Espíritu; y los que le adoran, es necesario que adoren. En espíritu y en verdad.
1ª Samuel 10:6 -2ª Corintios 3:17.
1ª Timoteo 1:17. 1ªTimoteo 6:16. Génesis 1:2.  Job 33:4.  Salmos 51:11.  Salmos 143:10.  Proverbios 1:23.  Ezequiel 37:14.
1ª Samuel 10:6.  2ª Samuel23:2.
Jun 14:26.  Jun 15:16.  Juan 16:13.

¿DÓNDE HABITA DIOS?
Él lo llena todo y habita en cada una de las cosas existentes creadas por él.
Hechos 17:24-25. El Dios que hizo el mundo y
todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.
Deuteronomio 32:39.  -ISAIAS 66:1-2 .
1º corintios 3:16-17. 

¿CUÁNTOS  DIOSES HAY?
Dios es uno y único. No hay otro dios sino el, no conoce otro semejante a él.
Deuteronomio 4:39. 2ª Samuel 7:22. Deuteronomio 6:4-5. Salmos 8:3-9. Isaías 44:6,8. Malaquías 2:10. Juan 10:30.
1ª Corintios 8:6. Judas 1:25.
                                                 
LOS ATRIBUTOS DE DIOS.
Son las cualidades que destacan como es Dios,
hay cualidades de poder, y cualidades de carácter.
Las cualidades de poder son:
Que Dios es: omnipotente, omnisciente, omnipresente.

OMNIPOTENTE: la omnipotencia de Dios nos muestra que él es todo poderoso, tiene poder infinito para crear sin límites.
Él no necesita de mucho esfuerzo para hacer que acontezca  cualquier cosa, basta con declararlo con su voz y todo es creado o destruido.
Isaías 40:12-31. ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
Nahúm 1:5-6. Génesis 18:10-14. Génesis 21:1-3.  Job 33:4. 2ª Corintios 4:6.
Hebreos 1:3.

OMNISCIENTE:
La omnisciencia de Dios nos deja ver que él es perfecto en conocimiento del pasado presente y futuro.
Y por eso él puede escudriñar nuestro corazón, y conocer nuestros más ocultos pensamientos, sean buenos o sean malos.
No hay nada que él no sepa, Dios sabe lo que hemos de hacer ser, y lo que no hemos de hacer, y ser.

Hebreos 4:13. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Salmos 94.11-14. Salmos 139:1-4,23-24. 
1ª  Juan 3:20. Proverbios 15:3.
Proverbios 5:21. Salmos 139:1-6,13,23-24.
Salmos 44:20-21.  Job 42:2-5.
Hechos 15:8-9,17-18. 1ª Corintios 3:20-21.  2ª Timoteo 2:19.  1ª Juan 3:20.

OMNIPRESENTE.
Esto quiere decir la omnipresencia de Dios le permite estar en todas partes al mismo tiempo.
Dios nos ve y nos oye en todo lugar y en todo momento, y aunque esta en todo lugar está por encima de todos y de todos, pues él lo llena todo.
Salmos 139:7-17.
¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
Deuteronomio 4:39. (1º Reyes. 8:27).
Salmos 139:4-10,13,15-16,23-24.
Proverbios 5:21. Proverbios 15:3.
Hebreos 4:13.  Jeremías 23:24.

CUALIDADES DEL CARÁCTER DE DIOS.
Nos permiten conocer a Dios en cuanto a su forma de ser en carácter y autoridad.

DIOS ES AMOR:
Su amor es muy diferente al amor humano. El  amor de Dios es incondicional y no se basa en sentimientos o emociones.
Él nos ama no porque seamos fáciles de amar o porque lo hagamos sentir bien simplemente nos ama porque él amor.
Él nos creó para tener una relación amorosa con él.
Y sacrifico a su propio hijo que también estuvo dispuesto a morir por nosotros para restaurar esa relación.
Su amor lo hace santo, justo, misericordioso bueno, bondadoso, y siempre está dispuesto a perdonar, él solo busca nuestro bienestar.
1ª Corintios 13:4-8.   -Jeremías 31:3.
1ª Juan 4:7-10.  -Génesis 1:1-31. Génesis 2:1-3
1ª  Juan 3:1.  -1ª Juan. 4:9-11.  -Juan 3:16.
Romanos 5:8.

CUALIDADES MORALES. Se refieren a sus cualidades de justicia o principios.

DIOS ES SANTO: Él no puede pecar ni tolerar el
Pecado. Es separado totalmente de toda tiniebla.
Santidad = apartado del mal requiere de esfuerzo continuo.
Y la Santidad trae como resultado la Justicia.
Isaías. 6:3. 1ª Pedro. 1:15-16.

DIOS ES JUSTO:
Justo = ser recto, integro, Esto es santidad en acción la justicia de Dios demuestra que él se mantiene equilibrado, por esto mismo él  tiene que corregir el pecado. Y sabe dar el pago a cada quien según nuestros actos sin inclinarse a tener preferencia por unos más que otros.
La justicia de Dios, objetivamente, es la misma para todos, y nadie puede hacer ostentación de mérito alguno por tenerla. Si aquí hay 300 personas, y si hay creyentes de 30 años, y otros de un mes, todos tienen la misma justicia imputada, la misma justicia que es regalo de Dios.
Romanos 2:11,13.

DIOS ES RECTO.
Tal y como una persona que te permite conocer sus pensamientos y sentimientos, Dios nos habla claramente sobre sí mismo, con la posible diferencia de que Él siempre es honesto.
Todo lo que Él dice sobre sí mismo, o sobre nosotros, es información fiable.
Salmos 19:7-9.

JUSTICIA INFINITA DE DIOS
Dios premia todo lo bueno y castiga todos los malos
actos.

EL DILUVIO.
Génesis. 6: 5-8.  -(Mateo. 5: 45). 

DIOS ES MISERICORDIOSO.
La misericordia de Dios es su compasión por nosotros y nos da muchas oportunidades de corregirnos.

“sin misericordia, la justicia sería implacable y todos los hombres estaríamos perdidos;
 Sin justicia, la misericordia sería una facilidad culpable hacia el pecado, y el universo se hundiría en el desorden.
En su misericordia, Dios ha tenido compasión del pecador, pero en su justicia le salva solamente quitando de sobre él, su pecado”
Lamentaciones. 3:22-23.

DIOS ES PIADOSO:
Nuestro Dios es compasivo con nosotros y perdonador a aunque no lo merezcamos siempre se compadece de nuestra condición de humanos débiles y nos está dando oportunidades para que le obedezcamos.
Salmos 25:6.  Salmos 51:1.

DIOS ES PERDONADOR.
Nosotros pecamos. Tendemos a hacer las cosas a nuestra manera en vez de a la manera de Dios. Y Él lo ve y lo sabe.
Dios no hace la vista gorda con ese pecado, sino que está preparado para juzgar y condenar ese pecado. Sin embargo, Dios es perdonador y nos perdonará desde el momento en que empecemos una relación con Él.
1ª Juan 1:9.  Isaías 43:25. 
DIOS ES FIEL:
Dios es fiel a sus promesas en cuanto a que premia y cuida a Los que le obedecen, o castigara a los que lo desobedecen.
Deuteronomio 7:9.  2ª Tesalonicenses 3:3.

EL CARÁCTER DE DIOS EN CUANTO A LA DISCIPLINA.

Dios es posesivo. En el sentido que no quiere que nos perdamos.
Es por eso que nos advierte que no quiere que amemos a nadie, ni nada por encima de él.
Deuteronomio 5: 6-7. Él es celoso en el sentido que aborrece la idolatría. Para el señor las imágenes o esculturas son un acto de idolatría, porque estamos colocando nuestros deseos y caprichos por encima de su voluntad.
Esto indica que nos estamos amando más que a él.
Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego;
Deuteronomio 5:15-24.  Deuteronomio 5:8-10.

Dios es estricto en cuanto a disciplina.
Él es santo digno de honor y respeto.
Nuestro Dios vive apartado del mal y esto lo coloca en un estado de honor admiración y respeto.
Deuteronomio 5:11.

Desea que conservemos la santidad y que aprendamos
a Descansar  en él.

Él quiere que nos conservemos apartados de todo lo malo y aprendamos a buscarlo en los momentos difíciles y confiemos en él, para recibir el descanso que solo su Justicia nos puede dar, y sentir la paz y el gozo que trae su Santo Espíritu a nuestro ser interior. Deuteronomio 5:12-15.


Quiere proteger y bendecir la familia.
Dios constituyo la familia y si queremos que en el hogar haya armonía debemos poner por obra sus instrucciones y consejos solo así él podrá ayudarnos en los momentos de crisis. Deuteronomio 5:16

Dios es el dador de la vida por eso respeta y honra la vida.
Aunque él es el dueño de la vida no nos quita la vida por infieles y rebeldes que seamos, él nos respeta los años que designo para cada uno.
Y desea que nosotros también cuidemos la vida que él nos dio. Deuteronomio 5:17.

Es un Dios puro y desea hijos con pureza sexual.
Nuestro Dios no quiere que deshonremos nuestros cuerpos, él quiere que aprendamos a valorarnos y que no expongamos nuestros cuerpos a la
Fornicación, ni a la lascivia.
Porque esto nos aleja de Dios y nos coloca en riego para que satanás domine nuestros vidas para destruirnos. Deuteronomio 5:18.

Es bondadoso y disfruta en dar regalos, y que estos regalos no se nos quiten. Nuestro Dios quiere que nos respetemos las cosas que Dios nos da a cada uno. Deuteronomio 5:19.

Nos ama, y es fiel y confiable el 100%.
Nuestro Dios no habla mal de nosotros ni nos traiciona cuando le confiamos nuestros secretos y quiere que también lo hagamos así entre nosotros. Deuteronomio 5: 19.

Él es honesto y conoce la realidad interior de cada corazón Y busca lo mejor para nosotros.
Nuestro Dios siempre está pensando en nuestro bienestar él no busca su propio beneficio sino que nos pone primero a nosotros y así mismo quiere que lo hagamos entre nosotros. Deuteronomio 5:20.

LAS MANIFESTACIONES DE DIOS.
Las manifestaciones más conocidas son:
Como una voz: Dios le hablo a Abraham.
Génesis 12:1. Génesis 15:1.

Como el ángel de Jehová. También en su trato con Abraham Dios se mostró como un ángel.
Génesis 18:22.  Génesis 22:10-12.

Como un varón: Posteriormente se le apareció a Jacob, quien lucho con él. Génesis 32:24.

Desde una zarza. A Moisés se le apareció como una llama de fuego en medio de una zarza.
Éxodo 3:20.

Como una columna de nube y de fuego.
Cuando el pueblo de Israel marchaba por el desierto guiados por Moisés.
Éxodo 13:21-22.

COMO PADRE: Dios se mostró al hombre como Padre en la creación del hombre y en toda su Creación.
Malaquías 2:10.

COMO HIJO: en la redención “o rescate”  del hombre.
JESUS es la manifestación más grande de Dios.
Es Dios manifestado en carne.
La carne es lo que nace, por eso es llamado Hijo;
Mateo 1:20-21.  Juan 1:14.  Juan 10:30.
Juan 14:10-11.

COMO EL ESPÍRITU SANTO: por medio de su
Espíritu le revelo a los apóstoles la verdad y todo consejo de lo que deben hacer.
Juan 14:16-18.  Juan 15:26.

El misterio de la piedad:
1 Timoteo 3:16.
Dios viniendo al mundo
Juan1:9-11.
¿Cómo respondemos a un Dios Santo y Poderoso, quien sabe todo y está en todos lugares a la misma vez?
 ¿Qué hacemos cuando pensamos en un Dios de amor y misericordia, que habita en “luz inexpresable”?
Solamente hay otra reacción posible.

ADORACIÓN ¡LA ÚNICA REACCIÓN!
Apocalipsis 5:11-13
Apocalipsis 7:12.

Malaquías 2:10. ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?


 Jesús – Nuestro Dios Y Divino Salvador
Su Vida e Identidad
Nuestra Meta es conocer la vida e identidad divina de Jesús.
Cuando las primeras personas pecaron en el huerto
De edén, tuvieron miedo y trataron de ocultarse de Dios.
Pero Dios en su amor los busco y les habló.
Dios les dijo que iban a recibir un castigo debido al pecado pero también les dio un mensaje de esperanza.
La muerte, el sufrimiento y el dolor no serían el fin de su vida. ¡No tenían que vivir sin esperanza!
¡Dios les prometió que algún día una persona vendría a la tierra y ganaría una victoria gloriosa sobre el pecado y la muerte!

Aunque ellos no entendieron lo que Dios les decía.  
La persona que Dios prometió enviar fue JESUCRISTO. Jesús era el que traería paz y perdón.
JESUS le restauraría a la humanidad perdida la comunión con Dios.

Medite usted en la historia de Jesús y entérese del porqué una incontable multitud de personas de todo el mundo lo considera la persona más maravillosa que haya existido jamás.

Preguntas más comunes  que nos hacemos cuando no conocemos del camino de salvación:
¿Cómo sería el Mesías?
¿Que esperaba la gente?
¡Un Conquistador!

Isaías 9:6-7 Por siglos los Israelitas esperaban el
cumplimiento de profecías así – el gran Mesías para salvarlos.
Durante siglos los profetas habían prometido que vendría un rey, como David, para conquistar a los enemigos de Dios y establecer el reino de Dios aquí en la tierra.
Sería el rey del mundo entero, estableciendo un mundo de
paz, gloria y gozo. En aquel entonces, los Romanos dominaban sobre Israel.
Así que, los judíos esperaban un salvador político, para salvarlos del dominio de los odiados romanos. Pero, ¿Quién hubiera esperado a alguien como Jesús?

¡Jesús les sorprendió a todos!
¿Pero un pesebre?
¿Un carpintero?
¿Un hombre pobre y humilde?
 ¿Un amigo de prostitutas y ladrones?
¿Una crucifixión terrible y muerte?
 Nadie esperaba que antes de la gloria, viniera el
sufrimiento. Antes del trono - una cruz. Nadie,
absolutamente nadie, esperaba alguien como Jesús.

¿Qué significa el nombre “Jesucristo”?
Cristo” es un titulo, como “Presidente,” o “Licenciado,” o “Su Majestad.”
El titulo “El Cristo” significa, “El Ungido.”
En aquella época, se les ungían a los reyes con aceite para designarlos como el rey escogido y dotado con el Espíritu de Dios. La palabra “Mesías” es una palabra
Hebrea que también significa “El Ungido.”
Su nombre – Jesús
 “Jesús(Griego) = ¡Jehová Salva!
Su título – El Cristo
Cristo(Griego) = “Mesías” (Hebreo) = “El Ungido Rey
Los Evangelios – Retratan la vida de Jesús

1)  ¿QUIÉN ES JESUCRISTO?
RESPUESTA: JESUCRISTO es el hijo de DIOS.
En El Bautismo de Jesús – Dios lo identifica como el Mesías.
Jesús viene Como cualquier otro hombre Hebreo del pueblo, para ser bautizado por Juan el Bautista. Una paloma desciende y hay una voz de los cielos. Y el Señor mismo lo unge y lo declara el rey – ¡el hijo de Dios!
Dios dijo acerca de Jesús: Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia. (lucas 3:22)

El hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la representación exacta de su ser.

2)   ¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo?
Después del primer pecado del hombre, Dios prometió que la simiente de la mujer aplastaría el poder de Satanás, haciendo así posible la restauración de la relación entre Dios y el hombre (véase Génesis 3.15).
Para hacerlo, Dios escogió a Abraham y a sus descendientes a fin de que prepararan al hombre para la venida del Redentor, Jesucristo.
Después de lo que sucedió en Caldea, Dios hizo un pacto con Abraham (véase Génesis 15.7-17).
Al pasar por la sangre, por entre los cuerpos muertos y sangrientos de los animales, ambas partes prometieron guardar sus promesas. Y de no hacerlo, al que no cumpliera le costaría su sangre. Este pacto entre Dios y Abraham fue hecho cuando se vio una “vasija con fuego humeando” con brasas encendidas (véase Génesis 15.17; 19.28; Éxodo 19.18; Hebreos 12.29) y una “antorcha de fuego” (véase Génesis 15.17; Éxodo 3.2-4; 2 Samuel 21.17; 22.7, 9, 29; 1 Reyes 11.36; 15.4; Salmo 27.1; 132.17; Isaías 62.1) que pasó por entre los animales divididos.
5  La vasija con fuego humeando representaba a Dios y la antorcha encendida a Jesucristo, la luz del mundo.
Entonces Dios hizo la función de ambas partes en el pacto. Si Abraham se hubiera representado a sí mismo y luego sus descendientes hubieran violado el pacto, les habría costado la sangre de ellos. Pero siendo Dios ambas partes entonces sólo costaría la sangre (es decir, la vida) de su Hijo, si los descendientes de Abraham fallaban. Y como veremos más adelante, al Hijo le costó su sangre (véase Marcos 14.24; Lucas 22.20; Juan 6.53-56; 19.34, etc.).
Al principio de su evangelio, Juan escribe: “Y aquel Verbo [Jesús] fue hecho carne, y habitó entre nosotros ... lleno de gracia y de verdad. ... de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1.14, 16-17).
Y aunque los judíos eran el pueblo escogido, a través de su
historia ellos aprendieron que lo único que podían hacer era estar indecisos entre el bien y el mal. Ellos necesitaban algo que sobrepasara a la ley para poder llegar a ser buenos; ellos necesitaban una nueva naturaleza. “Cuando vino el cumplimiento del tiempo”, Dios envió a su Hijo como el Hombre perfecto para redimir al hombre caído (véase Gálatas 4.4).
Cuando Jesús tuvo unos treinta años, él comenzó su ministerio para establecer un camino nuevo de manera que Dios tratara con el hombre. Por medio de su muerte, él llegó a ser “...el Mediador de un nuevo pacto” (véase Hebreos 12.24; 8.8, 13; Lucas 16.16; Romanos 10.4), “...lleno de gracia y verdad” (Juan 1.17; 1 Pedro 1.10; 2 Timoteo 2.1).
RESUMEN DE LA VIDA DE JESÚS
Jesús nació cerca del año 0 de nuestra era. Todavía muchos no se ponen de acuerdo en la fecha exacta la cual puede tener una variación de 30 años. Jesús nació en Belén de Judea. Sus padres eran descendientes del rey David. Su nacimiento es anunciado a su madre María por un ángel. María lo concibió siendo virgen. José y María se iban a casar. Cuando José supo que María estaba embarazada quiso dejarla secretamente pero un ángel le aseguró que era un asunto de Dios.
José y María vivían en Nazaret de Galilea pero debido a un censo que se hizo tuvieron que viajar a Belén cuando era tiempo de que naciera Jesús.
El día de su nacimiento unos pastores fueron avisados por ángeles acerca del suceso. Ellos fueron a Belén para ver al niño. Jesús nació en un pesebre (o corral) pues no encontraron otro lugar para quedarse.
José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén para cumplir con el rito de la purificación después del nacimiento. En ese lugar conocieron a Simeón, un anciano a quien Dios le había dicho que no moriría hasta que viera al Mesías. Simeón era profeta. Cuando José y María estaban en el templo Simeón fue llevado por Dios para que conociera al niño, Simeón tomó al niño en sus brazos y dijo: "Señor, ya puedes despedirme en paz, porque he visto tu salvación". Después de esto regresaron a Belén.
Tiempo después llegaron unos magos del oriente con regalos. El rey Herodes que gobernaba en Judea los entrevistó y les pidió que volvieran para que le dijeran quién era el niño. Los magos no regresaron y el rey mandó matar a todos los niños menores de 2 años de Belén y sus cercanías. Sin embargo Jesús y sus padres habían escapado a Egipto.
Después de la muerte del rey Herodes, Jesús y sus padres regresaron. Pero no regresaron a Belén por temor a que los buscaran, sino que se fueron a vivir a Nazaret en donde habían vivido antes.
Jesús fue presentado en el templo a la edad de 12 años, como era la costumbre. En ese entonces él asombró a los maestros en el Templo con lo que sabía.
De la niñez de Jesús no se conoce mucho puesto que la Biblia no da detalles de esta. Suponemos que Jesús no hizo milagros ni enseñó pues no había llegado el tiempo de su ministerio.
Cuando Jesús tenía 30 años apareció Juan el Bautista anunciando la venida del Mesías. Mucha gente lo siguió y él empezó a bautizar. Dios le dio una señal a Juan el Bautista para que conociera a Jesús. A pesar que Jesús y Juan el Bautista eran parientes, no se conocían, pues habían vivido separados y Juan el Bautista vivió una gran parte de su juventud en el desierto.
Jesús se presentó con Juan el Bautista para que lo bautizara y Juan vio la señal que Dios le había dicho y les dijo a todos que Jesús era el Mesías. Tiempo después Juan el Bautista sería encarcelado por el rey Herodes (el sucesor del anterior) quien lo mandaría decapitar. Cuando Juan el Bautista estaba en la cárcel empezó a tener dudas de Jesús y le envió unas personas para preguntarle si de verdad era el Mesías o no. Jesús les dijo a esas personas que le dijeran a Juan las señales que veían.
Jesús empezó a enseñar y sanar personas después de ser bautizado. Sus enseñanzas tenían que ver con el verdadero sentido de la voluntad de Dios expresada en el Antiguo Testamento, esto es, los Profetas y la Ley de los Judíos. Estas enseñanzas chocaron con las creencias y forma de vida de la clase religiosa, es decir los sacerdotes y rabinos. No era nuevo esto; puesto que los profetas normalmente no eran tratados bien, aunque se reconocieran que eran enviados de Dios. Sin embargo el pueblo era el que siempre seguía a los profetas que aparecían. Normalmente la gente sencilla y que no tenía compromisos económicos o políticos era la que escuchaba y obedecía la voz de los profetas. De esta manera aumentaron los seguidores de Jesús.
Jesús escogió a doce personas entre sus seguidores,
 a estos llamó apóstoles. El propósito que tenía para los apóstoles era que fueran testigos de todo lo que decía y hacía para que ellos pudieran continuar con el plan que Dios tenía para el mundo.
Ya que Jesús siempre supo cuando y donde había de morir, se preocupó por que sus apóstoles fueran capaces de continuar su obra.
Entre los hechos milagrosos de Jesús estaban las sanidades, el volver a la vida a varias personas, el expulsar demonios de las personas, alimentar a multitudes con un poco de comida etc.
Lo que irritó a los sacerdotes y rabinos fue que la popularidad de Jesús crecía demasiado y entre otras cosas él se proclamaba el Mesías, es decir, el rey de Israel. El Mesías tenía el derecho de reclamar el reino para sí pues le correspondía. Además Jesús fue más allá en sus enseñanzas pues decía cosas que todavía los judíos no habían entendido,
 es decir, que él era Dios hecho carne.
Esto no contradecía lo profetizado anteriormente pues Isaías había dicho que sería "Dios con nosotros". Además se temía una revolución y enfrentamiento con los romanos, lo que ponía en peligro al país entero. Debido a lo anterior resolvieron matarlo. Esperaron la oportunidad. Judas Iscariote, uno de los apóstoles decidió entregarlo.
Los sacerdotes le ofrecieron 30 piezas de plata para que les dijera donde podían hallarlo solo. Jesús acostumbraba ir a orar en la noche y madrugada al monte de los olivos. Era jueves y Jesús cenó con los apóstoles en una casa de Jerusalén. Se celebraba la Pascua de los Judíos en recuerdo al día en que Dios los sacó de Egipto cientos de años atrás.
Jesús se despidió de sus discípulos y oró por ellos, después salieron hacia monte de los olivos a las afueras de Jerusalén. Los sacerdotes mandaron un grupo de soldados dirigidos por Judas, los cuales lo arrestaron y lo llevaron a Jerusalén para juzgarlo.
Esa misma noche antes que amaneciera habían juzgado y condenado a Jesús para que sufriera la pena de muerte, por blasfemar y hacerse pasar por el Mesías y decir que él era Dios mismo. Como los judíos no tenían permiso de matar a ninguna persona lo llevaron ante Pilato el procurador romano. Después de muchas vacilaciones Pilato lo condenó a la crucifixión.
Jesucristo fue crucificado en medio de dos malhechores. Era viernes.
Murió como a las 3 de la tarde. Después de su muerte dos de sus seguidores, hombres ricos, fueron con Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús a fin de sepultarlo. Los que habían pedido el cuerpo eran Nicodemo y José de Arimatea. Ellos bajaron el cuerpo de la cruz y lo sepultaron en la tumba propiedad de José de Arrímatea. Cuando Jesús murió tenía aproximadamente 33 años.
Los sacerdotes judíos le pidieron a Pilato que pusiera una guardia de soldados en la tumba de Jesús pues recordaban que había dicho que iba a resucitar, Pilato les concedió los soldados. Fueron y pusieron un sello en la piedra que tapaba la tumba para que nadie la abriera y dejaron a los soldados ahí. El domingo en la madrugada hubo un terremoto y un ángel quitó la piedra de la tumba y Jesús resucitó. Los soldados huyeron. Los sacerdotes les dieron dinero a los solados para que dijeran que se había dormido y los discípulos se habían robado el cuerpo de Jesús, asimismo hablaron con Pilato para que no castigara a los soldados, que según la ley romana deberían ser muertos por haber fracasado en su misión.
Ese mismo día domingo las mujeres habían ido a preparar el cuerpo de Jesús, lo cual no habían podido hacer el viernes porque ya era tarde y al oscurecer no estaba permitido hacer nada pues iniciaba el sábado. Cuando llegaron vieron que la tumba estaba vacía y no había nadie. Ellas pensaron que se habían robado el cuerpo de Jesús y se afligieron mucho, pero se les aparecieron unos ángeles y les dijeron que Jesús había resucitado. Fueron a contárselo a los apóstoles, los cuales no les creyeron y fueron a cerciorase personalmente, para saber que había pasado. Descubrieron que efectivamente no estaba el cuerpo de Jesús.
Después Jesús se les apareció estando ellos juntos y posteriormente durante 40 días estuvo con ellos. Al final de ese tiempo se los llevó a un monte en donde se despidió de ellos y subió al cielo.
VEAMOS LOS SIETE PASOS REDENTORES POR LOS CUALES JESUCRISTO PASÓ PARA SALVARNOS.

ENCARNACION:
Dios se hizo hombre: Él había de encarnarse como hombre: la palabra de Dios hecha carne.
Esto consistió en que Dios daba a su hijo, y él daba su vida como el cordero del sacrificio para pagar el precio del rescate por el pecador.
La Vida del Mesías y Su Obra
 
  1. Él había de nacer de una virgen, y llamarse Emmanuel: “Dios con nosotros”
Profecía:  Isaías 7:14
Cumplimiento: Mateo 1:18, 22-23,25; Lucas 1:26-35
 
Él había de ser el Hijo de Dios, concebido
Por el Padre, y había de llamar “Padre” a Dios.   (Además también había de ser llamado –y Él mismo se llamó– "Hijo del Hombre”).
profecía: Salmos 2:7; Daniel 7:13-14
Cumplimiento: Mateo 3:16-17; Mateo 26:63-64;

5.   Había de nacer en Belén.
Profecía: Miqueas 5:1-2
Cumplimiento: Mateo 2:1-6; Juan 7:42

6.   Él había de nacer en un momento particular en el tiempo, en el momento señalado.
Profecía: Daniel 9:24-27
Cumplimiento: Gálatas 4:4
           
7.   Una estrella había de anunciar Su nacimiento.
Profecía: Números 24:17
Cumplimiento: Mateo 2:2

  1.  Jesús nació en Belén de Judea.
Mateo 2:1-12.
9.   Él había de ser obsequiado con regalos.
Cumplimiento: Mateo 2:11
10.              Su llegada iba a coincidir con la
masacre en Belén.
Profecía: Jeremías 31:15
Cumplimiento: Mateo 2:16-18
    LA PROFESIA FUE CUMPLIDA..

11.              Su llegada iba a ser anunciada por un profeta.
Profecía: Isaías 40:3; Malaquías 3:1; Malaquías 4:5-6; Eclesiástico 48:10
Cumplimiento: Mateo 3:1-3; Mateo 11:7-15; Mateo 17:10-13; Marcos 1:2-8; Marcos 6:14-16; Lucas 1:13-17, 76-79; Lucas 3:4-6; Lucas 7:18-33; Juan 1:6-8, 19-36; Hechos 13:24; Hechos 19:1-7
12.              El Mesías iba a tener primos (o hermanastros.
Profecía: Salmos 68:9
Cumplimiento: Mateo 12:46; Mateo 13:55-56; Marcos 3:31-32; Lucas 8:19-20; Juan 2:12; Juan 7:3-5; Hechos 1:14; 1 Corintios 9:5; Gálatas1:19
S. Juan 1:1,14
13. El Mesías es Dios y es Hombre
Él regirá el mundo entero, y Su Reino no tendrá fin.  
 Profecía:   Daniel 2:44
Cumplimiento:   Mateo 28:18-20; Lucas 1:31-33 

  1. Él había de ser el Rey de los Judíos, el sucesor de David – y había de ser conocido como tal por sus enemigos desde su nacimiento hasta su muerte.
Profecía: Ezequiel 34:23-24
Cumplimiento: Mateo 2:1-2; Mateo 27:29, 37; Juan 18:39, Juan 19: 2-3, 14-15, 19-22

VIDA SIN PECADO
Había de complacer a Dios Padre.
Profecía: Isaías 42:12.
Cumplimiento: Mateo 3:17, Mateo 17:5; Marcos 1:11; Lucas 9:35
 
Él había de ser el profeta prometido desde antiguo a Israel, alguien como Moisés.
Profecía: Deuteronomio 18:15-19
Cumplimiento: Juan 5:45-47, Juan 6:14, Hechos 3:22
Él había de hacer solamente la Voluntad del Padre, cumplir toda la ley y ser perfecto.  
Profecía: Salmos 39:7-11
Cumplimiento: Mateo 3:15, Mateo 5:17-18; Juan 4:34, Hebreos 10:5-7
El Espíritu de Dios iba a estar sobre Él.
Profecía: Isaías 11:1-3; Isaías 61:1
Cumplimiento: Mateo 3:16-17, Mateo 11:2-6; Lucas 4:16-22  
Él había de realizar milagros, tal como los profetas dijeron que haría el Mesías.
Profecía: Isaías 29:18-19, Isaías 35:5-7; Isaías 61:2-3
Cumplimiento: Mateo 11:4-5, Lucas 7:21-22
 
Él había de alimentar a la gente de manera
milagrosa, ofreciendo Pan Espiritual así como pan terrenal.  
Profecía: Éxodo 16:4,8,17; 4 Reyes 4:42; Salmos 77:24
Cumplimiento: Mateo 15:37; Juan 6:49-51
Él había de empezar su ministerio a los 30 años de edad.
Profecía: Génesis 41:46; Números 4:3, 23; 2 Reyes 5:4
Cumplimiento: Lucas 3:23.
 Él había de aparecer de repente en el Templo, y ser celoso con la casa de su Padre.
Profecía: Salmos 68:10, Malaquías 3:1
Cumplimiento: Lucas 2:46, Juan 2:15-17
Él iba a ser el Mesías prometido (el Ungido), o Cristo.
Profecía: Salmos 2:1-2
Cumplimiento: Mateo 16:13-17; Marcos 8:27-30; Lucas 9:18-21; Juan 1:41, Juan 4:25-26; Juan 9:35-37; Hechos 4:25-28
Él Mesías iba a cargar con las enfermedades y dolencias de la gente.
Profecía: Isaías 53:4
Cumplimiento: Mateo 8:16-17
Él había de predicar a los pobres.
 Profecía: Isaías 61:1
Cumplimiento: Mateo 11:5; Lucas 4:18-21  
Él iba a traer una espada – división dentro de la casa, en vez de paz.
Profecía: Miqueas 7:6
Cumplimiento: Mateo 10:34-36, Lucas 12:51-53, Lucas 21:16

Al llegar él, iba a encontrar a la gente como un rebaño sin pastor.
Profecía: Números 27:16-17; 1 Kings 22:17; Ezequiel 34:5-6
Cumplimiento: Marcos 6:34
Él había de ser el buen Pastor de su gente.
Profecía: Isaías 40:11; Jeremías 23:4; Ezequiel 34:11-12, 15-16, 22-24, 31
Cumplimiento: Mateo 9:36; Juan 10:11-16
Él había de ser manso, delicado, compasivo y humilde.
Profecía: Isaías 42:2-3
Cumplimiento: Mateo 11:28-30; Mateo 12:19-20; Mateo 15:32
El ministerio del Mesías había de empezar con el pueblo de Israel.
Profecía: Ezequiel 34:11-14, 30-31
Cumplimiento: Mateo 10:5-6, Mateo 15:21-28
Su ministerio, a la larga, había de incluir también a los gentiles.
Profecía: 2 Reyes 22:44-45; Salmos 2:8; Isaías 42:6, Isaías 49:5-6; Isaías 55:5; Isaías 60:3; Malaquías 1:11
Cumplimiento: Mateo 8:10-12, Lucas2:32, Juan 12:20-23; Hechos 10:34-35; Hechos 13:47; Hechos 26:23
Él había de enseñar.
Profecía: Isaías 48:17; Salmos 26:11
Cumplimiento: Juan 3:2
Él había de enseñar mediante parábolas, y no siempre hablar directamente.
Profecía: Salmos 77:1-2, Isaías 6:9-10
Cumplimiento: Mateo 11:25; Mateo 13:10-15, 34-35; Lucas 8:10; Marcos 4:11-12; Marcos 8:18; Juan 12:37-41; Hechos 28:25-27
 
Él había de tener discípulos.
Profecía: Isaías 40:11
Cumplimiento: Juan 1:35-44
SU REINO HABÍA DE SER COMO UN GRAN ÁRBOL
Cubriendo al mundo entero y permitiendo a todos la oportunidad de encontrar un refugio bajo él
Profecía: Ezequiel 17:22-23
Cumplimiento: Mateo 13:31-32; Marcos 4:30-32; Lucas 13:18-19
  Él había de reprender y expulsar a los que hacían de la religión un negocio.
Profecía: Salmos 68:10; Isaías 56:7; Jeremías 7:11; Zacarías 3:2
Cumplimiento: Mateo 21:12-13; Marcos 11:15-18; Lucas 19:45-48; Juan 2:13-17
Él había de hacer una entrada triunfal en Jerusalén montado en un asno.
 Profecía: Zacarías 9:9
  Cumplimiento: Juan 12:14-15
Cuando el Mesías entró en Jerusalén, la gente había de aclamarle como rey, aquél que viene en nombre del Señor.
  Profecía: Salmos 117:25-26
Cumplimiento: Mateo 21:9; Mateo 23:39; Marcos 11:9-10; Lucas 13:35; Lucas 19:38; Juan 12:12-13
Los niños habían de alabar al Mesías en su llegada.
·         Profecía: Salmos 8:2-3
·         Cumplimiento: Mateo 21:15-16
Ahora veamos algunas de las enseñanzas de Jesús de manera más detallada:

JESÚS PREDICÓ EL ARREPENTIMIENTO
Al principio de su ministerio, Jesús predicó:
 “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17). Él también predicó: “...el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1.15). Luego, al responderles a los fariseos, él dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (véase Lucas 5.31-32; Mateo 9.12-13; Marcos 2.17).
Cuando a Jesús le preguntaron que si los galileos que habían sufrido bajo la mano de Pilato “eran más pecadores que todos los galileos”, él les respondió: “Os digo: No; antes, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Lucas 13.2-3).
En respuesta a la acusación que los fariseos le hicieron a Jesús de comer con los pecadores, él les dijo que así habría “más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15.7). Allí también les dijo que “los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar” (Mateo 12.41; Lucas 11.32). Jesús advirtió a las ciudades donde había hecho “muchos milagros”, diciendo: “¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza” (Mateo 11.21; Lucas 10.13).
En una de sus parábolas, Jesús habló de dos hijos a los que su padre les había pedido que trabajasen en una viña. Uno respondió: “No quiero; pero después, arrepentido, fue” (Mateo 21.29). El otro hijo dijo que iría, pero no fue. Lo que en verdad valía no era la promesa de ir a trabajar, sino, más bien, hacer el trabajo. El arrepentimiento produce un cambio de parecer y conducta. Esta parábola fue dirigida a los principales sacerdotes y a los ancianos como una advertencia de que los gentiles estaban alcanzando la salvación mientras ellos la rechazaban. A la vez, la misma muestra la naturaleza general del arrepentimiento.
Esta parábola confirma lo que Juan el Bautista le dijo a las multitudes: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3.8; Mateo 3.8). La palabra “fruto” es un término en sentido figurado que se refiere a las buenas obras, es decir, obedecer la voluntad de Dios. Así como los frutos son el producto de un árbol frutal, las buenas obras son el resultado natural del arrepentimiento. Juan le dijo a sus oyentes: “...todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego” (Lucas 3.9).
En resumen, el arrepentimiento incluye tanto un cambio de pensar en Jesucristo como también obedecer sus mandamientos.
JESUS PREDICO LA IRA Y EL PERDON
La base de las enseñanzas de Jesús, es el perdón de Dios por nuestras ofensas, por muy graves que sean. Pero eso no queda ahí, el verdadero cristianismo (es llevar a la reconciliación con Dios) conlleva que nosotros también imitemos la conducta de Jesús con nosotros y la reproduzcamos hacia los demás.
Así lo podemos leer en el Padre Nuestro (Mateo 6:9-14.
"
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores […] Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas. "
Esto es fácil de decir, pero no es tan fácil de hacer... sin la ayuda de Dios. Veamos qué nos dice la Biblia más a fondo.
1. ¿Qué nos aconseja el Salmista respecto el enojo? Salmo 37:8.
RESPUESTA: "Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal."
2. ¿Qué puede suceder si nos enojamos con facilidad? Proverbios 14:17.
RESPUESTA: "El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar."
3. ¿Quién es mejor que los fuertes o poderosos? Proverbios 16:32.
RESPUESTA: "Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades. "
4. ¿Qué puede detener un arrebato de furia y cuál es la honra? Proverbios 19:11.
RESPUESTA: "La prudencia hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa. "

5. Cuando alguien está airado, ¿qué es lo mejor que se puede hacer en ese momento? Proverbios 22:24.
RESPUESTA: "No te hagas amigo de gente violenta, ni te juntes con los iracundos".
NOTA: Es muy fácil caer en la tentación de acudir a personas o "amigos" a los que acudir después de tener un problema, buscando "comprensión", cuando lo que buscamos en realidad es afirmarnos en nuestra decisión de enfadarnos y reaccionar de forma inadecuada, en vez de procurar la reconciliación y el perdón.
6. Salomón aconseja no apresurarse, ¿a qué? Eclesiastés 7:9.
RESPUESTA: "No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio".
7. ¿Qué consecuencia tiene el enojo según Jesús? Mateo 5:22.
RESPUESTA: "Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno".
8. ¿Qué nos aconseja Pablo que dejemos? Colosenses 3:8.
RESPUESTA: "Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno.".
9. ¿Cómo debemos ser según Santiago? Santiago 1:19.
RESPUESTA: "Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse".

NOTA: No es fácil controlarse en ciertos momentos, pero siempre tendremos que brindar la oportunidad del diálogo con las partes afectadas.
Pero cuando alguien acuda a ti para acusar a otra persona, tapate una oreja con la mano.
Te preguntarán ¿por qué haces eso?
y la respuesta será que hago eso para reservarme la otra oreja para escuchar a la otra persona acusada y así dar un consejo justo.
10. ¿Puede el hombre airarse sin pecar?
Efesios 4:26.
RESPUESTA: "«Si se enojan, no pequen.» No dejen que el sol se ponga estando aún enojados".

NOTA: Aunque hay situaciones extremas que requieren más de un día de reflexión, por regla general lo ideal es no dejar que llegue a acabarse el día sin solucionar la discusión.

11. ¿Qué sucede si damos rienda suelta al enojo? Efesios 4:27.
RESPUESTA: "le damos poder al diablo sobre nuestra vida".
12. El diablo espera el momento débil para entrometerse, ¿qué debemos hacer entonces? Santiago 4:7.
RESPUESTA: "Así que entréguense a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes".

Nota: debemos dedicar tiempo para estar en comunión con Dios aprendiendo lo que es agradable para Dios, y resistir a todos nuestros deseos y debilidades, y sólo así Dios nos dará la victoria en cuanto a ser libres de la esclavitud de nuestra naturaleza carnal, que es la que está bajo el dominio de Satanás.
13. Cuando hemos ofendido a alguien, con o sin intención, ¿qué debemos hacer primero para ser perdonados?
Marcos 11:25.
RESPUESTA: "Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados".
NOTA: por medio de la oración  es la oportunidad de confesar a Dios nuestros sentimientos y pedirle que nos ayude a perdonar a los que nos han ofendido y que nos ayude a no guardar dolor ni resentimiento, también es un momento de pedir por las personas que yo he ofendido para que Dios los ayude a perdonar, y les sane sus heridas.

14. ¿Cuántas veces he de perdonar?
Lucas 17:4.
RESPUESTA: "Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte "Me arrepiento", perdónalo".
15. ¿Qué dijo Jesús a Pedro ante la misma pregunta? Mateo 18:21, 22.
RESPUESTA: "Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —le contestó Jesús—"

16. ¿Cómo debemos ser entonces?
                  Efesios 4:32
RESPUESTA: "Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo".
Colosenses 3:13
"De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes".

17. ¿Cuál es el método para perdonar al hermano?
Mateo 18:15-17.
RESPUESTA: "»Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que "todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos". Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado".

NOTA: siempre hay que buscar la manera de reconciliarse, pero si la otra persona no pone de su parte, entonces trátalo como a un particular.
No andes en compinchería ni compartas cosas o momentos con él, pero no lo desprecies ni lo ignores, salúdalo y se Cortez.


18. ¿Qué consejo nos da Jesús si hay alguien enfadado con nosotros? Mateo 5:23-25.
RESPUESTA: "Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar.
Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.
Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo".

NOTA: cuando sepas que alguien da quejas de ti, o te hace reclamos, prestale atención y llega a un acuerdo con él.
Antes que te entregue al Señor, y el Señor haga juicio te entregue a sufrimiento, 
19. ¿Quién más nos tiene que perdonar además del ofendido? 1 Juan 2:1.
RESPUESTA: "Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo".
NOTA: debemos pedirle perdón a Jesucristo por ofenderlo con nuestros errores y desobediencias y deshonrar  su nombre.
Para que nos ayude a sacar todo lo malo que hay en nuestro corazón.
Y a honrarlo con nuestra obediencia.
20. ¿Cómo llegarán a ser nuestros pecados?
Isaías 1:18.
RESPUESTA: "Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!".

Aquí tenemos las mejores indicaciones que Dios nos da en su Palabra. Pero humanamente esto no es fácil, lo mejor es pedir ayuda a Dios en oración: " Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración." (Mateo 21:22).

JESÚS PREDICÓ LA FE EN ÉL
Jesucristo predicó: “Creed en el evangelio” (Marcos 1.15). Las siguientes escrituras nos muestran que Jesús unió la vida eterna con la fe y el creer. Cuando bajaron al paralítico por el techo para que fuese sanado, “al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2.5; Lucas 5.20). En la parábola del sembrador, Jesús explicó que la semilla, que era la palabra de Dios y que cayó junto al camino y fue hollada, quería decir que el diablo quitó “de su corazón la palabra, para que no crean y se salven” (Lucas 8.12). Jesús le dijo a sus discípulos que le dijeran a la gente: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16.16).
Jesús le dijo a Nicodemo que era “...para que todo aquel que en él [en Cristo, el Hijo del Hombre] cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.15-18). Él le dijo a los judíos: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna” (Juan 5.24). En su discurso sobre el pan de vida, Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6.47). En la Fiesta de la Dedicación, algunos judíos le preguntaron a Jesús que si él era el Cristo. Él les respondió: “Os lo he dicho, y no creéis…pero vosotros no creéis, porque no sóis de mis ovejas” (Juan 10.25- 26). Y entonces, les explicó: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna” (Juan 10. 27- 28).
Después de la muerte de Lázaro, Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11.25-26). Jesús le dijo a dos de sus discípulos: “...creed en la luz [Cristo Jesús], para que seáis hijos de luz. El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12.36, 44, 46). En su última pascua, Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí…Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.1, 6). Estas escrituras muestran que la relación entre la fe y la vida eterna fue un punto clave en los mensajes de Jesús.

JESÚS PREDICÓ EL REINO DE DIOS
Al principio de su ministerio, mientras pasaba por Samaria, “Jesús vino a Galilea, predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1.14- 15; Mateo 4.23-25). A través de todo su ministerio, Jesús explicó lo que Dios requería del hombre. Un punto clave de su mensaje fue la predicación del reino de Dios. Los judíos sabían que Dios deseaba reinar sobre su pueblo; sin embargo, ellos pensaban que Dios se refería a una soberanía política. Ellos no entendieron la naturaleza espiritual del reino, lo cual significa que Dios reina en los corazones de aquellos que por gracia siguen al Mesías.
Desde el principio de su ministerio, Jesús enseñó sobre el significado del reino. En la oración modelo del Señor, Jesús les enseñó a sus discípulos a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6.10; Lucas 11.2). Esto refleja las enseñanzas de Cristo (y de Juan) desde el principio de su ministerio que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17; Mateo 3.2). Esta petición es para que el reino de Dios en la tierra viniera a aquellos lugares donde la voluntad de Dios sería hecha.
Lo dicho anteriormente es la manera en la que Dios definió al reino de los cielos. Él utilizó parábolas (historias de la vida en sentido figurado) para luego enseñar acerca de cómo es el reino. Es como semilla
8  esparcida que puede ser arrebatada, obstruída por las malas hierbas o que puede crecer hasta madurar para producir una cosecha (véase Mateo 13.3-9, 18-30, 36-43; Marcos 4.3-20; Lucas 8.4-15). El reino de Dios coexiste con el mal y con el maligno, el diablo.
El reino, como un grano de mostaza (véase Mateo 13.31-32; Marcos 4.30-32) y como la levadura, crece de algo pequeño hasta que llega a ser algo grande en todo el mundo (véase Mateo 13.33; Lucas 13.20-21). El reino es también como un tesoro escondido en un campo (véase Mateo13.44) y como una perla de gran precio (véase Mateo 13.45), merecedora de todo el esfuerzo que se pueda hacer para obtenerla. Esto no quiere decir que la entrada al reino se pueda ganar, sino que el que busca entrar debe arrepentirse, creer y por gracia seguir a Jesús sin reservas. El reino es como una red de pescar que recoge lo mismo peces buenos y malos y, al final, los peces malos son echados afuera (véase Mateo 13.47-50). Sólo al final los santos, seguidores de Cristo, serán separados de los impíos. En resumen, el reino de los cielos existirá con el mal, pero el “...Señor, santo y verdadero...” hará justicia (véase Apocalipsis 6.10; 1 Timoteo 6.15; Hechos 4.24). En ese tiempo, los hijos del Rey vivirán en un reino glorioso, separados de todo mal.

JESÚS PREDICÓ EL NUEVO NACIMIENTO
La gracia regeneradora de Dios y la obra del Espíritu Santo produjeron el “nuevo nacimiento”. Este cambio radical en hombres y mujeres los capacita para que se sometan a su Rey y para que hagan su voluntad. Cuando Nicodemo, un principal entre los judíos, vino a Jesús, le dijo: “…sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3.2). Enseguida, Jesús le respondió con una declaración profunda: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3.3). El término griego que se traduce “nacer de nuevo” lleva el significado de “nacer de arriba”. No hay dudas que semejante declaración provino de Dios. Nicodemo, totalmente confundido, le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: ...el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan3.6).2
2 El significado de “ser nacido de agua”, al parecer se refiere al tema que se está tratando –el reino. Ya que Juan el Bautista unió el arrepentimiento y la preparación para entrar al reino con el bautismo con agua, indudablemente, Jesús tuvo esto en mente. Después de todo, hasta el Rey mismo fue bautizado, no como un acto de arrepentimiento, sino como una señal de su identificación con las personas preparadas y el reino   Jesús prosiguió diciéndole a Nicodemo que no se maravillara porque le había dicho: “Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu” (Juan 3.7-8; Gálatas 4.29; 1 Pedro 1.23; Tito 3.5). El “nacer de nuevo” es un misterio, al igual que el viento mismo es un misterio. De una forma milagrosa, el Espíritu Santo opera en el alma, impactando la voluntad, deseos y valores de las personas y dándoles*** a sus vidas una nueva dirección. La persona cambia su inclinación natural de rebelarse contra Dios por un ardiente deseo de obedecer a Dios.
La mente humana no puede entender cómo esto sucede, ni qué combinación hay entre la obra del Espíritu Santo, la verdad y el intelecto. Sin embargo, entendemos que el resultado de todo esto produce un efecto claramente visible en la vida de cada individuo. Jesús también dijo que: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6.63; 2 Corintios 3.6). El Espíritu Santo y la palabra de Dios producen el nacimiento de un nuevo hombre espiritual en el creyente. Los resultados del nuevo nacimiento los podemos ver en la parábola del sembrador. Es la parte de la semilla que “calló en buena tierra, y dio fruto, cual a ciento, cual a sesenta, y cual a treinta por uno” (Mateo 13.8). Jesús explicó que “el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13.23). Los que escuchan el evangelio y lo entienden pueden experimentar un nuevo nacimiento capaz de inducirlos a producir buenos frutos y hacer la voluntad de Dios.
Los hombres deben experimentar un cambio radical. Esto lo notamos en la declaración que hizo Jesús, cuando dijo: “...si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18.3). Uno debe convertirse (en griego: “dar la vuelta”) y ser como un niño, es decir, humilde (véase Mateo 18.4), con una voluntad de aprender. Tal persona, al igual que los niños, se alimentará de la palabra de Dios y crecerá en las enseñanzas bíblicas (véase 1 Pedro 2.2).
JESÚS PREDICÓ EL DISCIPULADO
A través de todo su ministerio, Jesús invitó a los hombres a que fueran sus discípulos. Un discípulo es un principiante, un estudiante, un seguidor, un aprendiz, un prosélito, etc. Los cuatro evangelios contienen muchas enseñanzas que se
enfocan en el discipulado.
Cuando Cristo le dijo a Pedro: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”, hubo una acción rápidamente. La Biblia dice: “Ellos, entonces, dejando al instante las redes, le siguieron”. Luego,
Jesús vio a dos hermanos, Santiago y Juan, remendando redes y a quienes también llamó. “Y ellos, dejando al instante a su barca y a su padre, le siguieron” (Mateo 4.19-22; Marcos 1.16-20; Juan 1.43). El verbo en griego usado aquí para “seguir” significa “ser un seguidor de Cristo para toda la vida”. Jesús utilizó este término muchas veces (véase Mateo 8.22; 9.9; 10.38; 16.24; 19.21, 28; Marcos 2.14; 8.34; 10.21; Lucas 5.11; 9.23, 59-62; 18.22; Juan 10.4, 27; 12.26; 21.19, 22; 1 Pedro 2.21).
Mateo demuestra qué tipo de respuesta buscaba Jesús. Siendo un cobrador de impuestos, él estaba sentado en su negocio cuando Jesús le dijo: “Sígueme, y se levantó y le siguió” (Mateo 9.9; Marcos 2.14; Lucas 5.27-28). Mateo, uno de los “publicanos y pecadores” (Mateo 9.11), se arrepintió, cambió su vida y se convirtió en un fiel discípulo. El llamado a seguir resultó en una respuesta voluntaria y en una acción inmediata.
Mateo escribió que, después del Sermón del Monte,
 grandes multitudes siguieron a Jesús. Después, para apartarse de ellos, él decidió cruzar al otro lado del mar de Galilea. Dos vinieron a él diciéndole que le seguirían (véase Mateo 8.18-22). En su sección especial (véase Lucas 9.51-18.14), Lucas escribió que cuando no quisieron recibir a Jesús en una aldea samaritana, ellos se dirigieron a Jerusalén. Y Lucas sigue diciendo que mientras ellos viajaban tres personas decidieron seguirle (véase Lucas 9.57-62). Aunque este no fuera el mismo incidente, los primeros dos hombres de ambos evangelios hicieron declaraciones similares.
Cuando la primera persona se acercó a Jesús, enseguida dijo: “Señor, te seguiré a donde quiera que vayas” (Lucas 9.57; Mateo 8.19). Lucas identifica a esta persona simplemente como un hombre, pero Mateo dice que él era un escriba. Entonces, él debió haber sido una persona muy erudita y, de seguro, sabía algo sobre las enseñanzas de Cristo. La introducción de Mateo de la segunda persona, “otro de sus discípulos”, indica que él era un discípulo. Su rápida disposición pudo haber sido una respuesta impulsiva debido a que conocía a Jesús. La respuesta de Jesús fue que considerara el costo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9.57; Mateo 8.20). Jesús no tenía hogar y esto debió haber contribuido al hecho de que él era “varón de dolores”. El seguirlo podría ser costoso y todo hombre debe pensarlo bien antes de hacerlo.
El segundo hombre, identificado por Mateo como un discípulo (véase Mateo 8.21), aceptó el llamado de seguir a Jesús. Sin embargo, él primero quería hacer algo aparentemente razonable: “Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre” (Lucas 9.59). Como discípulo, él conocía las enseñanzas de Jesús, sin embargo, él pensaba que podría hacer esto primero y seguirle más tarde. Jesús respondió: “Deja que los

11  muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9.60). Había algo más importante que hacer. Jesús llamó a este discípulo a servir en la predicación. Ya que Mateo relató esta historia poco antes de que los setenta fuesen enviados y regresaran de predicar (véase Mateo 10), esto da la idea que el llamado a predicar estaba tanto en la mente de Mateo como en la de Lucas. Este servicio a Dios y a los hombres debe ser cumplido sin dilación alguna.
Lucas escribió acerca de una tercera persona que también pidió una dilación: “Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa” (Lucas 9.61). A este aspirante a discípulo se le dijo que nada debía interferir entre él y seguir al Señor. Además, Jesús dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9.62). Aquí vemos a otro que quería seguir a Jesús, pero que todavía no estaba listo para ello. Su dilación pareció ser razonable, pero a la vez incluía el peligro de que sus familiares influyeran en
él para que hiciera lo contrario (véase Mateo 10.37).
El discipulado es un camino difícil y nadie debe mirar atrás después de tomar la cruz. Cuando Jesús envió a sus doce discípulos a predicar “el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 10.7) y a hacer las obras que él estaba haciendo, él les dio instrucciones con relación al discipulado. Los discípulos serían como “ovejas en medio de lobos” (Mateo 10.16) y debían esperar oposición y persecución. Esto ilustra la regla general de que “el discípulo no es más que su maestro” (Mateo 10.24). En este caso, los discípulos podrían recibir el mismo trato que su
 Maestro estaba recibiendo.
Entonces, Jesús les dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10.34). Puede que para edificar el reino haya conflicto y que no recibamos enseguida la paz que esperamos (véase Isaías 9.2-6). Las palabras “en tierra” se refieren a todo hombre en general. La falta de paz es el resultado de que hay hombres que no responden al llamado de seguir a Jesús. Y la oposición puede tener lugar aún en sus mismas casas (véase Mateo 10.35-36). Luego, Jesús explica dos principios: “El que ama a [cualquier miembro de su familia]...más que a mí, no es digno de mí...y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo 10.37-38).
En otra ocasión, cuando grandes multitudes seguían a Jesús, él les dio un mensaje similar. Es necesario “aborrecer” a los familiares y hasta la propia vida de uno. “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14.26; 12.51-53). Estas palabras parecen ser duras, pero la verdad es que sus discípulos deben dejar a un lado los intereses que les impidan una entrega y fidelidad absoluta a Cristo. Este
12  “aborrecimiento” puede comprenderse al compararlo con el amor, ya mencionado en los párrafos anteriormente, que Jesús pide. Los discípulos de Jesús deben amarle a él sobre todas las cosas y más que todo serle fiel y leal. Esto debe sobrepasar toda relación familiar y hasta los deseos de
uno mismo.
En cierto sentido, la cruz fue la misión especial en
 la vida de Jesús. Los discípulos no deben esperar tener que tomar una cruz literal, como la que tomó Jesús, y ser crucificados. Sin embargo, los discípulos pueden esperar oposición y hasta la muerte. Debemos dedicarnos a cumplir la misión de Dios para nuestras vidas y esto incluye llevar a cabo la Gran Comisión y todo lo que consiste la misma. Si alguien trata de evitarla: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10.39).
Luego, después de decirle a sus discípulos que él debía sufrir y ser sacrificado en Jerusalén, Jesús les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por cause de mí, la hallará” (Mateo 16.24-25; Marcos 8.34; 9.1; Lucas 9.23-27; 14.27; 17.33). El negarse a sí mismo significa deshacerse de los deseos personales y rendirse uno mismo completamente al Señor, aunque esto requiera que uno tenga que tomar su propia cruz. Si alguien trata de evitar la cruz para salvar su vida, el tal terminará perdiendo su vida al final. Al estar dispuestos a perder nuestras vidas por causa del Señor, la hallamos. Por tanto, tomar la cruz y seguir a Jesús es algo indispensable para la redención.
No debemos permitir que nada estorbe nuestra disposición de seguir al Señor. Jesús dijo: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14.27). Él también dijo que cualquiera que quiera construir una torre primero debe calcular los gastos para asegurarse de que tenga suficiente con qué terminarla y que ningún rey iría a la guerra sin antes pensar en la posibilidad de ganar. “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14.33). Tanto el discipulado como la salvación son asuntos muy serios y requieren un compromiso total desde el principio y poner todo lo demás en un segundo plano durante toda la vida. Jesucristo debe ocupar el primer lugar en la vida del discípulo.
Todo aquél que le siga cambiará su manera de andar y será librado del pecado. Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12). Algunos judíos, al escuchar esto, le interrogaron. Jesús les dijo a otros “...judíos que habían creído en él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os

13  hará libres” (Juan 8.31-32). Estos creyentes le dijeron a Jesús que ellos eran hijos de Abraham y que no estaban en esclavitud, y le preguntaron: “...¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (Juan 8.33). Jesús les respondió: “…todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8.34). El discípulo no debe ser esclavo del pecado, sino más bien un hijo de Dios a quien le gusta hacer la voluntad del Padre. Esta libertad para obedecer es la libertad verdadera.
Para ayudarnos a entender el discipulado, Jesús nos dio el ejemplo de las ovejas. Cuando “...abre el portero...las ovejas oyen su voz...y las ovejas le siguen...Mas al extraño no seguirán” (Juan 10.3-5). Luego, Jesús explicó: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10.27-28). En Juan 15, Jesús explica cómo el hecho de llevar fruto se relaciona con el discipulado: “...el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer” (Juan 15.5). Entonces él sigue explicando: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. ...Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15.8-10).
Y si alguien piensa que el discipulado es una carga, Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11.28-30). ¿Cómo se explica que el discipulado sea fácil? La respuesta está en que el nuevo nacimiento cambia la naturaleza interior del discípulo, de modo que él se complace en hacer la voluntad de Dios. Por tanto, él no siente carga alguna, sino que haya justicia, paz y gozo (véase Juan 14.27; 16.33; Romanos 14.17; 15.13; Gálatas 5.22). El cambio interior quita la carga, aunque el discípulo tenga que sufrir por causa de Cristo (véase Mateo 10.16-25; Lucas 10.3; 21.5-19; Romanos 8.17; Filipenses 1.29-30; 3.10; 2 Timoteo 2.12; 1 Pedro 4.12-14; 5.10).
El camino del discipulado es angosto y difícil, muy diferente a lo que muchos piensan del cristianismo. En el Sermón del Monte, Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7.13-14; Lucas 13.23-24). El discipulado ni es una carga ni un camino ancho, sino más bien el camino que lleva a la vida eterna.

JESUCRISTO: EL ÚNICO CAMINO
Jesucristo predicó que él es el único camino a la vida eterna. Él también dijo que la voluntad de Dios es que “…todo aquél que ve al Hijo, y cree en él [en Jesús], tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6.40, 47).
Él también dijo: “…Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12; 9.5; 12.35-36).
En respuesta a una pregunta, Jesús le dijo a Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.5).
Y como ya vimos, Jesús le dijo a los judíos que habían creído en él: “Si vosotros permanecéis en mi palabra…conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8.31-32, 34-36).
Jesús prometió que “…el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8.51).
Estas enseñanzas no dejan duda de que solamente hay un camino.
Todo aquél que busca la vida eterna debe entrar por la Puerta. Jesús usó esta metáfora para describir el propósito de su existencia. “…El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es” (Juan 10.1-2).
El redil era un cercado con una sola puerta de entrada; Jesús entró para que otros pudieran tener vida. Esta Puerta es un símbolo de Jesús. Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. … Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10.9-11, 17; Juan 10.15).
En el reino, Jesús es la única puerta, puesto que él fue quien dio su vida para que los que se arrepientan puedan ser salvos.
Ya hemos afirmado que Jesús dijo: “…Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” (Juan 11.25).

Ya que Jesús es la fuente de la vida y la resurrección de los muertos entonces fuera de él no existe ni vida ni resurrección. Sólo los que creen en él podrán obtener la victoria sobre la muerte.
Jesús claramente dijo que escucharle trae consecuencias eternas. También afirmó que él vino “…a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan
12.47-48).
 El propósito de la misión de Jesús es salvar al pecador, pero si el pecador le rechaza, no hay otra manera de obtener vida eterna. El pecador será juzgado por lo que él rechace, la palabra que Jesús ha predicado. El juicio tendrá lugar en base a la autoridad de Dios. Él le dio a Jesús el poder de perdonar pecados, como Jesús lo testificó al principio
 de su ministerio (véase Marcos 2.10; Lucas 7.48).

15  Pedro le dijo a los ancianos y a los gobernantes que Cristo Jesús, a quienes ellos habían crucificado y a quien Dios había levantado, era la principal piedra del ángulo, y que “...en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12).

No hay otro nombre, es decir, no hay nadie más que pueda salvarlos. Si alguien quiere ser librado de sus pecados entonces debe acudir a Jesús en busca de ayuda.


EL SEÑORÍO DE CRISTO
El discipulado significa someterse al señorío de Jesucristo. En la actualidad, el uso del término “Señor” es común y muy popular, pero en el Sermón del Monte Jesús señala algunos aspectos que son muy poco entendidos. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7.21).
Y a aquellos que se jactan de decir que han hecho muchas cosas en su nombre, les dirá: “…Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.23).
Jesús hizo una pregunta que muchos deben contestar hoy: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo os digo?” (Lucas 6.46).
Después de esta pregunta, él dijo una parábola sobre la importancia de obedecer la palabra de Dios. Él dijo: “Todo aquél que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace…Semejante es a un hombre que al edificar una casa , cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca”. Cuando subieron los ríos, su casa pudo resistirlos. “Mas, el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre la arena” (Mateo 7.26).
Cuando el río dio con ímpetu contra la misma, grande fue su ruina (véase Lucas 6.47-49; Mateo 7.24-27). En Judea, en el único lugar que se puede hallar arena es en un “wadi”, el lecho de un río seco. Los que escucharon a Jesús sabían que uno nunca debe construir en tal lugar, puesto que, en cualquier momento, un torrente de agua podría invadir el lecho seco y llevarse todo lo que encuentre. Con tales advertencias, no hay manera de ponerle a Jesús excusas por no seguir sus enseñanzas. Sólo los que siguen las enseñanzas de Jesús tienen un firme fundamento y la seguridad de la vida eterna.
Juan el Bautista predicó: “Enderezad el camino del Señor” (Juan 3.3). Jesús aplicó el término Señor a sí mismo cuando le dijo a dos de sus discípulos que dijeran: “…el Señor lo necesita” (Mateo 21.3; 12.8; Marcos 11.3; Lucas 19.31). Los discípulos usaron el término como otro nombre para Jesús (véase Mateo 8.25; 14.28, 30; 16.22; 17.4; 18.21). Varias de las formas de la palabra griega Kurios, traducida como “Señor”, también se aplicaban a Dios. Queda claro que Jesús es el Señor y que
debemos tomar su señorío en serio.

 SUS GRANDES MILAGROS
Las obras y las enseñanzas de Jesús no son cosas que deben aceptarse por medio de una fe “ciega”. Las escrituras recogen muchos ejemplos en los que Jesús hizo grandes milagros como prueba de que Dios lo envió. Por ejemplo, Mateo hace referencia a diez sanidades específicas y a un ejemplo de poder mayor que las fuerzas naturales en los capítulos 8 y 9 de su evangelio: Jesús sanó al leproso (véase Mateo 8.2-4), al criado paralítico del centurión (véase Mateo 8.5-13), a la suegra de Pedro la sanó de una fiebre (véase Mateo 8.14-15), echó fuera a los demonios de muchos (véase Mateo 8.16), calmó la tempestad (véase Mateo 8.23-27), sanó a dos endemoniados (véase Mateo 8.28-34), sanó a un paralítico (véase Mateo 9.2-8), sanó a una mujer enferma de un flujo de sangre (véase Mateo 9.20), resucitó a la hija de un principal (véase Mateo 9.24-25), sanó a dos ciegos (véase Mateo 9.27-30) y sanó al mudo endemoniado (véase Mateo 9.32-34).
Estos sólo son unos pocos de los milagros que los evangelios mencionan. Específicamente, los evangelios detallan unos treinta y cinco milagros y mencionan brevemente muchos otros. Como Juan escribió: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro” (Juan 20.30). Algunas de ellas se hallan en los otros tres evangelios, pero la mayoría no están escritas. Esto es de la forma que Juan lo escribió: “...hay también muchas otras cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21.25). Al pensar que los evangelios sólo mencionan una pequeña fracción de los, aproximadamente, sesenta días de los tres años del ministerio de Jesús (apenas el 5 por ciento de esos días) y que muchos libros se han escrito sobre este ministerio se hace evidente que ***se podría escribir muchos libros más sobre los otros milagros y sobre el resto de su vida y ministerio.
Estas obras dan testimonio de Jesús y le dieron gran fama (véase Mateo 9.8, 26, 31, 33). Además, muchos terminaron creyendo en él (véase Juan 2.11, 23; 3.2; 6.2, 14; 7.31; 9.16, 31-33; 12.18). Aunque Jesús hizo muchos milagros, éstos no fueron la razón principal de su ministerio. De hecho, él a menudo trataba de evitar que la gente le prestara demasiada atención a los mismos, al pedirle a las personas sanadas que no se lo dijeran a otros (véase Mateo 8.4; Marcos 3.12; 5.43; 7.36; 8.26, 30; 9.9). A menudo, él incluía una lección espiritual para que los hombres miraran más allá de lo milagroso. El principal ministerio de Jesús fue espiritual. Él hizo milagros para apoyar este ministerio, no para estorbarlo. Las soluciones a los problemas físicos no deben impedir la solución al problema principal del hombre, o sea, su problema espiritual.  
Hay un testimonio mayor que el que ya hemos notado anteriormente. La Biblia nos enseña que Jesús vino al mundo para redimir al hombre por medio de su muerte y resurrección. Su resurrección es la principal prueba de su posición mesiánica. Como Pablo escribió, él “...fue declarado Hijo de Dios...por la [Su] resurrección de entre los muertos” (Romanos 1.4). Luego a
CRISTO Y LAS ESCRITURAS
Introducción:
Jesucristo no hizo ninguna declaración formal en
 cuanto a su punto de vista acerca de las escrituras, pero hizo breves comentarios dándonos a entender que él tenía un alto concepto de ellas. Ya que la revelación de Dios no incluye declaraciones formales de las escrituras, nosotros tenemos que hallar el punto de vista de Jesús en sus declaraciones verbales relatadas en los evangelios y por otros escritores del Nuevo Testamento. Ahora quisieramos notar qué nos enseña el Nuevo Testamento sobre las escrituras. El Nuevo Testamento nos da una idea en cuanto a su valor. Nuestro concepto y uso de las escrituras debe formarse a base de estas ideas.

EL CRITERIO DE CRISTO EXAMINADO
Una de las preguntas más importantes que uno se debe hacer es: ¿Cuál era el concepto de Cristo en cuanto a las escrituras? La respuesta a esta pregunta la hallamos en varios versículos del Nuevo Testamento.
Una indicación del criterio de Cristo en cuanto a las escrituras la hallamos en su respuesta a la acusación de los judíos de que él había blasfemado al hacerse igual a Dios. En su respuesta, él apeló a las escrituras y añadió la declaración: “...la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10.35). Cristo creía que la escritura era autoritaria. Él no tenía duda en cuanto a quebrantar o dejar a un lado la escritura, porque es la verdad que Dios nos ha revelado.
Un testimonio de cómo Cristo veía la autoridad de las escrituras lo hallamos en el relato de su tentación en el desierto, lo cual aconteció después de un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches. El tentador le dijo a Cristo: “...Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. A lo que Jesús contestó: “...No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios” (Mateo 4.3-4; Deuteronomio 8.3). Cada vez que él tentaba a Jesús, las palabras del maligno eran ineficaces, ya que Dios había revelado su verdad a través de las escrituras. Jesús introdujo cada una de sus respuestas con un: “Escrito está...” (Mateo 4.7, 10). Esta declaración es frecuentemente usada en la Biblia para referirse a la palabra de Dios. Jesús también dijo que debemos vivir por “toda palabra”, y no sólo por una parte de las escrituras, sino por todas sus palabras y enseñanzas.
Jesús hizo otras declaraciones de “escrito está”. Cuando él purificó el templo, dijo: “Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21.13). En el huerto de Getsemaní, Jesús les dijo a sus discípulos que ellos serían dispersados, porque “escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas” (Mateo 26.31; Zacarías 13.7). Jesús utilizó las palabras autoritarias “escrito está” para mostrar que la palabra de Dios justificaba sus actos. Esta fórmula autoritaria nos demuestra que él creía que el Antiguo Testamento era la verdad absoluta.
Jesús también utilizó las declaraciones: “Oísteis que fue dicho” (Mateo 5.21, 27, 31, 33, 38, 43). Estas declaraciones hacían referencia a la revelación dada por Moisés a los Israelitas. Ya los discípulos habían escuchado la exposición de la ley varias veces, pero Cristo iba a darle al hombre un nuevo pacto. A partir de entonces, sus discípulos tendrían que vivir por su “pero yo os digo”.
Cuando los saduceos le preguntaron sobre el
 matrimonio, Jesús les replicó: “¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (Marcos 12.24). Él entonces les preguntó: “...¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?” (Marcos 12.26; Éxodo 3). Luego él les dijo a los saduceos que Dios es el Dios de los vivos, que había una resurrección (véase Marcos 12.27). Ellos “erraron grandemente”, porque no fueron a las escrituras en busca de respuesta, sino que razonaban entre sí. Jesús confirmó que las escrituras contienen la palabra de Dios y que su palabra es clara y fácil de entender. Aquellos líderes erraron, al igual que todos aquellos que yerran, porque ellos “ignoran las Escrituras”.
En cuanto al rico que destruyó sus graneros para construír otros más grandes: “…Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma” (Lucas 12:20). Esta podría ser una paráfrasis de Jeremías 17:11 o algún ejemplo que Jesús mencionó de la vida real. Esto nos indica que Jesús creía que Dios se comunicaba con el hombre y que tal comunicación podía entenderse. Si el hombre puede entender la palabra hablada, sin duda él puede entender la palabra escrita.
En una de sus oraciones, Jesús dijo que sus discípulos no son del mundo y que, por tanto, ellos viven en un nivel mucho más alto. Él le pidió a Dios el Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17.17). Ellos debían vivir por la verdad y esta verdad es conocida porque “tu palabra es verdad”. Ya Jesús había dicho que “…Dios es veraz” (Juan 3.33; 7.28; 8.26) y habló del “…Espíritu de verdad” (Juan 14.17; 16.13).

Él dio testimonio de sí mismo: “El que viene de arriba, es sobre todos…Y lo que vio y oyó, esto testifica…Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida” (Juan 3.31-34). Jesucristo les habló a sus discípulos las “palabras de Dios” y ellos con el tiempo escribieron esas mismas palabras.
Jesús creía que Dios hablaba por medio de sus profetas, tales como Moisés y Jeremías, para darles sus mandamientos a los hombres. Esto lo vemos en su respuesta a la pregunta de los escribas y fariseos sobre el quebrantamiento de las tradiciones de los ancianos por parte de sus discípulos. Jesús les preguntó: “…¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente” (Mateo 15.1-7; Éxodo 20.12; Jeremías 35.18-19).
Jesús continuó revelando su criterio de las escrituras en la parábola de Lázaro y el rico. El rico le pidió a Abraham que les advirtiera a sus hermanos para que ellos no tuvieran que ir al infierno, el lugar de tormento. Cristo continúa el relato diciendo: “Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él [el rico] entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de entre los muertos” (Lucas 16.29-31; Lucas 16.19-28). Al relatar este incidente, Jesús apoyó el criterio de Abraham de que las escrituras bastan para redimir al hombre y que si los hombres no quieren creer en ellas entonces no serán persuadidos por nada más. Jesús consideraba a las escrituras como el medio más eficaz para revelar el Camino.
En otra ocasión, Jesús expresó este punto de vista al decirles a los judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí…Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5.39, 46-47). Las escrituras del Antiguo Testamento dan testimonio de Cristo y tienen el mismo valor que sus propias palabras, las mismas son para ser creídas. Jesús creyó que las escrituras son autoritarias y dignas de confianza de manera que las creencias de los hombres sobre él mismo y su misión redentora puedan estar directamente relacionadas.

JESÚS Y LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LAS ESCRITURAS
Jesús hizo varias referencias a los antecedentes históricos hallados en las escrituras. Mostramos varios de ellos a continuación para ayudarnos a entender su concepto de las escrituras.

Jesús le dijo al leproso que él había limpiado que se mostrara “…al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés” (Mateo 8.4), dando a entender que él aceptaba los mandamientos de Moisés.
Al referirse a la fe del centurión, Jesús dijo: “Y os
digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” (Mateo 8.11), dando a entender que él aceptaba los hechos históricos de los patriarcas. Ya que muchos no se arrepentían, ni siquiera al ver los muchos milagros de Jesús, él les dijo: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo a que se hubieran arrepentido” (Mateo 11.21). Varios profetas del Antiguo Testamento hablaron en contra de Tiro y de Sidón (véase Isaías 23.1-18; Jeremías 25.22; 27.1-11; Ezequiel 26.1-28; 26.19; Joel 3.4-8; Amós 1.9-10), porque estas ciudades explotaban a sus vecinos y eran centros de idolatría, causando así el juicio de Dios sobre ellas. Cuando el Mesías vino a estas ciudades, ellas siguieron el ejemplo de sus padres y no se arrepintieron. Y al referirse a estas profecías del Antiguo Testamento, Jesús dio a entender que él aceptaba la versión de la evaluación de los profetas en cuanto a estas ciudades.
Cuando los fariseos interrogaron a Jesús y a sus discípulos sobre arrancar y comer espigas en el día de reposo, Jesús les dijo: “…¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban…¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa?” (Mateo 12.3, 5). La apelación de Jesús a la ley nos da a entender que él aceptó su informe sobre la vida de David y la de los sacerdotes, y que su acción y la de sus discípulos de recoger y comer espigas en el día de reposo era correcta.
Cuando los fariseos pidieron señal, Jesús les dijo: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás” (Mateo 12.40; Jonás 1.2, 17; 3.5). Luego, cuando los fariseos y saduceos volvieron a pedir señal, Jesús les dijo a esa generación perversa que “señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás” (Mateo 16:4). Ambas respuestas son comentarios de Jesús y no de Mateo. Jesús sabía la historia de Jonás y de cuando fue a Nínive entonces él citó directamente a Jonás 1:17. El uso que Jesús le dio a esta historia muestra que él aceptó los acontecimientos que rodearon el ministerio de Jonás como hechos
Históricos; y así como Dios milagrosamente preservó a Jonás, también milagrosamente resucitaría a su Hijo. Los comentarios que Jesús hizo dan a entender que él sabía que el relato de Jonás era verídico y estaba dispuesto a unir su propio ministerio al suyo.
Cuando a Jesús le preguntaron sobre el matrimonio, él se refirió al relato de Génesis: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?” Jesús aceptó el relato de la creación como literalmente verídico. Entonces él dijo: “¿No habéis leído que…por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19.4-6; Génesis 1.26-28; 2.23-24). Jesús creía que Dios había instituido el matrimonio en la creación del hombre y que el libro de Génesis prueba que el plan de Dios es que los lazos matrimoniales sean permanentes y que ningún hombre se atreva a romperlos. Los fariseos le preguntaron que por qué Moisés había permitido la “carta de divorcio”. Jesús les dijo que fue por “…la dureza de vuestro corazón [que] Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así” (Mateo 19.7-8; Deuteronomio 24.1-4). Jesús creía en el relato de Moisés y que la revelación tuvo un principio. Esto también muestra que Jesús aceptaba a Moisés como el autor del libro de Deuteronomio.
En la respuesta de Jesús a los saduceos sobre la pregunta de la resurrección, él les preguntó: “…¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?” (Mateo 22.31-32; Marcos 12.26; Lucas 20.37; Éxodo 3.6, 16). Cuando los saduceos interrogaron a Jesús, ellos dijeron: “Moisés dijo”. Pero Jesús fue más lejos aun preguntándoles que si no habían leído lo que “os fue dicho por Dios”. Jesús aceptó al Antiguo Testamento como algo más que palabras de hombres; era el testimonio de la revelación de Dios. Las palabras de Jesús dan a entender que él aceptó el relato de Éxodo sobre los patriarcas como históricamente verídico.
Jesús les hizo una pregunta a los fariseos sobre el Cristo y
 también de quién es Hijo: “Él les dijo: “¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor…?” (Mateo 22.43; Salmo 110.1.) En referencia a este salmo, Jesús reconoció que David fue dirigido por el Espíritu Santo, haciendo razonable creer que estos escritos fueron inspirados por el Espíritu Santo.
Cuando un intérprete de la ley preguntó sobre el gran mandamiento en la ley, Jesús hizo referencia a la revelación de Moisés en Deuteronomio. Jesús respondió: “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Y entonces, él dio el segundo mandamiento: “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22.34-40;

23 Levítico 19.18; Deuteronomio 6.5). Estos escritos nos dan a entender que Jesús aceptó los escritos de Moisés y la referencia de “la ley y los profetas” nos da a entender que él aceptó todo el Antiguo Testamento.
Con un “¡ay!”, dirigido a los escribas y fariseos, Jesús mencionó: “…desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías” (Mateo 23.35; Génesis 4.8; 2 Crónicas 24.20-22), indicando que él aceptaba las narraciones detalladas del Antiguo Testamento con relación a la muerte inocente de estos dos hombres justos halladas en Génesis y Crónicas.
Cuando Jesús le habló a sus discípulos sobre las cosas que estaban por venir, les dijo: “…cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee que entienda)” (Mateo 24.15; Daniel 9.27; 11.31; 12.11). Hoy hay muchos críticos que dudan sobre el libro de Daniel porque no están dispuestos a aceptar las implicaciones de sus profecías. Ellos creen que el libro debió haber sido escrito después de los acontecimientos, porque no hay duda de que algunas de sus profecías concernientes a los sucesos principales del mundo han sido cumplidas. La opinión de estos críticos es opuesta a las creencias de Jesús. Él aceptó como fidedignos tanto el libro como sus profecías.
Luego, al hablar de su segunda venida y del día y la hora
de la misma, Jesús dijo que sólo el Padre lo sabía. Entonces, él dijo: “Mas, como en los días de Noé…Porque como los días antes del diluvio…hasta el día en que Noé entró en el arca” (Mateo 24.37-38), dándonos a entender que él aceptaba los hechos históricos de Noé, el arca y el diluvio.

JESÚS Y LAS PROFECÍAS
A través de todo su ministerio, Jesús cumplió muchas profecías. En el Sermón del Monte, él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley y los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5.17-19).
Después de su resurrección, camino a Emaús, Jesús les dijo a dos de sus discípulos: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16.16-17). Luego dijo que no sólo la ley debía cumplirse, sino todo el Antiguo Testamento: “…era necesario que se cumpliese todo

24  lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Entonces, él “…les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24.44-45). Cristo sostenía que todas las escrituras eran fidedignas, aún el más pequeño de los signos, la jota y la tilde; también les dijo que él cumpliría todas las escrituras.
Jesús le habló al pueblo acerca de Juan el Bautista y lo identificó como “…éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti” (Mateo 11.10). Cuando llegó el tiempo de la aparición del Mesías, un precursor vino a preparar a la gente para que supieran lo que iba a suceder. En el Antiguo Testamento, unos 450 años antes de la llegada de Juan, Malaquías profetizó sobre este precursor.
Después de la transfiguración, los discípulos preguntaron sobre la venida de Elías. Parece que estos discípulos no sabían nada de la pasada transfiguración porque Jesús le había dicho a los tres que no dijeran lo de la visión. “…A la verdad Elías viene primero, y restaurará todas las cosas” (Mateo 17.9-13; Marcos 9.11-13; Lucas 1.17; 3.1-6). La profecía concerniente a Elías es veraz: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí”. Esto fue profetizado en el último libro del Antiguo Testamento (véase Malaquías 3.1; 4.5-6). En un sentido, Juan el Bautista era Elías, quien llamó al pueblo al arrepentimiento y a volverse
A Dios.
Cuando Jesús se lamentó acerca de Jerusalén, él citó los salmos sobre su segunda venida: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23.39; Salmo 118.26), dando a entender que aceptaba este libro.
En los últimos días de su vida sobre la tierra, Jesús habló sobre los eventos futuros y mostró cómo cumpliría las escrituras. En la última cena, él dijo: “…el Hijo del Hombre va, según está escrito de él”. Luego, cuando él fue al Monte de los Olivos, dijo de sus discípulos que: “…os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas” (Marcos 14.27; Zacarías 13.3). En el momento de su arresto, Cristo le dijo a los soldados: “Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras” (Marcos 14.49; véase Isaías 53.7). Entonces uno de los discípulos golpeó al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Jesús reprendió a tal discípulo. Él dijo que él podría llamar a doce legiones de ángeles para que lo defendieran, pero que no lo haría, porque “¿…cómo entonces se cumplirían las Escrituras…?” (Mateo 26.54.)
Jesús le dijo a sus discípulos, los que fueron a la tumba el lunes después de la resurrección: “¡Oh, insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24.25-27). De modo que es evidente que Jesús aceptó a Moisés, a los profetas y a todas las escrituras como  verdaderas.
JESÚS Y EL ANTIGUO TESTAMENTO
Jesús hacía referencia o citaba las escrituras del Antiguo Testamento con bastante frecuencia para apoyar sus enseñanzas. Él les recalcó a los líderes judíos: “…bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí...”, dando a entender que él aceptaba las profecías de Isaías (véase Mateo 15.7-8; Isaías 29.13). Estos líderes eran tan hipócritas como los de la generación de Isaías, y Jesús citó a Isaías para apoyar su criterio.
Después de haber sanado a muchos en Jerusalén, en su última semana, los niños gritaban: “…¡Hosanna al Hijo de David!” Sin embargo, los principales sacerdotes y los escribas se indignaron por esto. Y Jesús les preguntó: “¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” (Mateo 21:15-16; Salmo 8:2.) Estos líderes ignoraban que la acción de estos niños era correcta y hasta posible. Jesús tuvo que llevar a esos escépticos a las verdades del Antiguo Testamento para indicarles que aquellos niños podían alabar a Dios.
Poco después, Jesús, en una parábola sobre la viña y el vallado, preguntó: “¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo? El Señor ha hecho esto, ¿y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (Mateo 21.42; Salmo 118.22-23.) Estos detalles profetizados en el Antiguo Testamento serían cumplidos por él. Cuando el Sanedrín pronunció juicio sobre Jesús, el Mesías, y lo entregaron a los romanos para darle muerte, poco sabían ellos que aquél rechazado vendría a ser la Cabeza del Nuevo Pacto.
Jesús no nos dejó una declaración formal de su criterio sobre las escrituras, pero sabemos cuál es su criterio a partir de algunos sucesos que tuvieron lugar en su vida. Las escrituras citadas anteriormente nos dan a entender que Jesús creía que las mismas eran verídicas y autoritarias aún en los más diminutos detalles. Todas las declaraciones antes mencionadas sobre las escrituras enfatizaban su opinión acerca de que: “...las escrituras no pueden ser quebrantadas”.
MUERTE VICARIA:
“se dio a sí mismo por nosotros” Nosotros estábamos sentenciados a la condenación eterna, y él, pago el castigo que nos correspondía, este rescate costo nada menos que la sangre preciosa de Jesús.
CRISTO EL REDENTOR  LA MUERTE DE CRISTO
El Mesías había de ser sacerdote a la manera de Melquisedec, es decir, como el verdadero sumo sacerdote, mediador único entre Dios y los hombres.
Profecía: Génesis 14:18-20, Salmos 109:4
Cumplimiento: Hebreos 5:5-6,10, Heb.6:19 -20; Heb.7:1-25
Había de vencer al demonio.
Profecía: Génesis 3:15
Cumplimiento: Hebreos 2:14-15
El Mesías había de conectar cielo y tierra, tal como lo vio Jacob en su sueño de la escalera.
·         Profecía: Génesis 28:12
·         Cumplimiento: Juan 1:51
 
Él había de ser el Cordero de Dios – el sacrificio adecuado para los pecados del pueblo de Israel, y para los pecados de toda la Humanidad.
Profecía: Génesis 22:8; Éxodo 12: 5, 13, 21-24; Isaías 53:6, Daniel 9:24
Cumplimiento: Mateo 1:21, Juan 1:29-34, Juan 6:51; 1 Pedro 2:24-25

Él había de ser el auténtico y único Salvador.
Profecía: Salmos 95:5; Salmos 113b: 3-8. Isaías 43:11; Isaías 53:3-8
Cumplimiento: Mateo 11:27; Juan 14:6; Hechos 4:12. Mateo 26:28. 1ª Pedro 2:24. 1ª Timoteo 1:15. 1ª Timoteo 2:4-6. Romanos 5:8. 1ª Pedro 2:22-24.  1ª Corintios 15:3. Hebreos 9:12, 14,15.
Al final, las masas lo rechazarían como el Mesías.
·         Profecía: Salmos 21:7-9
·         Cumplimiento: Mateo 27:15-26; Marcos 15:6-15; Lucas 23:1-5, 18-25; Juan 18:38-40; Juan 19:12-16; Hechos 3:13-14; Hechos 5:28
Había de suceder que los líderes religiosos de la gente no creerían en Él, lo rechazarían y lo odiarían.
·         Profecía: Salmos 21:13-14; Isaías 53:3, 8
·         Cumplimiento: Mateo 26:3-5, 14-15, 47;
Mateo 27:1-2, 41-43; Marcos 8:31, Lucas 9:22, Hechos 5:27-33; Hechos 8:32-33
El Mesías había de ser una ofensa para la gente, una piedra con la que tropezarían.
·         Profecía: Salmos 117:22-23; Isaías 8:13 -15, Isaías 28:16-17

·         Cumplimiento: Mateo 21:42-43; Marcos 12:10; Hechos 4:11; 1 Pedro 2:6-8.
Había de ser odiado sin motivo.
·         Profecía: Salmos 34:19
·         Cumplimiento: Mateo 27:23; Marcos 15:14; Lucas 23:4, 20-23; Juan 18:38
Su alma había de experimentar un enorme sufrimiento.
         Profecía: Salmos 68:21
        Cumplimiento: Mateo 26:37-38; Marcos 14:33-34.

El Mesías había de ser traicionado por un amigo, por 30 monedas de plata, el rescate de un esclavo. Esa plata sería arrojada en el Templo, y entonces empleada para comprar el campo del alfarero.   El traidor había de ser uno de los amigos del Mesías, alguien con quien Él había compartido la mesa.
·         Profecía: Éxodo 21:32; Salmos 40:10, Zacarías 11:12-13
·         Cumplimiento: Mateo 26:14-15, Mateo 27: 3-10; Marcos 14:10-11, 43-46; Lucas 22:5-6; Juan 13:18, 21; Hechos 1:16-20
En su juicio, el Mesías había de ser acusado por falsos testigos.
·         Profecía: Salmos 34:11
·         Cumplimiento: Mateo 26:59-60; Marcos 14:55-59; Hechos 6:12-14  
Él callaría en respuesta a las acusaciones.
·         Profecía: Isaías 42:2, Isaías 50:5, Isaías 53:7
        Cumplimiento: Mateo 26:62-63, Mateo 27:12, 14; Marcos 14:61; Marcos 15:5; Lucas 23:8-9
El Mesías sería contado entre los malhechores.
·         Profecía: Isaías 53:12
·         Cumplimiento: Lucas 22:37; Mateo 27:38; Marcos 15:27; Lucas 23:32-33
Su seguidores se dispersarían como ovejas sin pastor.
·         Profecía: Zacarías 13:7
·         Cumplimiento: Mateo 26: 31,56; Marcos 14:27,50; Juan 16:32
Él había de ser golpeado con la mano, con una vara y con un látigo.  Le iban a escupir y tirar de la barba.
·         Profecía: Isaías 50:6, Isaías 53:4-8; Miqueas 5:1
·         Cumplimiento: Mateo 26:67; Mateo 27:26,30
Dios Padre permitiría que el Mesías fuera
afligido y/o abandonado por Él Mismo así como
 por su gente.
·         Profecía: Salmos 21:3; Salmos 68:27; Isaías 53:10
·         Cumplimiento: Mateo 27:46; Marcos 15:34
Él había de morir en una cruz; Sus manos, pies y costado serían perforados.   Debido a las torturas en el juicio y la ejecución, quedaría virtualmente irreconocible.
·         Profecía
Salmos 21:17; Isaías 52:13-15; Zacarías 12:10
 Cumplimiento:  
Mateo 26:2 Juan 19:34, Juan 20:20, 25-27; Apocalipsis 1:7
 Dado que Él es el verdadero Cordero Pascual, ninguno de los huesos del Mesías había de ser roto.
·         Profecía: Éxodo 12:21, 46; Números 9:12, Salmos 33:21
·         Cumplimiento: Juan 19: 31-36; 1 Corintios 5:7
El sería puesto por nosotros como un maldito en un madero.  
·         Profecía: Deuteronomio 21:22-23
·         Cumplimiento: Gálatas3:13.
Él había de ser ejecutado en público, y los que lo vieren se mofarían de Él.
·         Profecía: Salmos 21: 8-9, 13-14, 16-18; Salmos
30:14; Salmos 37:12; Salmos 108:25; Sabiduría 2:12-24
·         Cumplimiento: Mateo 27:36, 39-44; Marcos 15:29-32; Lucas 23:35-39, 48
Estaría sediento en su ejecución, y le darían hiel y vinagre para beber.
·         Profecía: Salmos 21:16-17; Salmos 68:22
·         Cumplimiento: Mateo 27: 34, 48; Marcos 15:23, 36; Lucas 23:36; Juan 19:28-29
La gente echaría a suertes Sus vestiduras.
·         Profecía: Salmos 22:18
·         Cumplimiento: Mateo 27:35; Marcos 15:24; Lucas 23:34; Juan 19:23-25
Habría oscuridad en la tierra durante su ejecución.
·         Profecía: Amós 8:9
·         Cumplimiento: Mateo 27:45; Marcos 15:33; Lucas 23:44-45
Él Mesías había de hablar desde la Cruz, cumpliendo así la Profecía:
“Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.”
·         Profecía: Números 15:27-29
·         Cumplimiento: Lucas 23:34; Hechos 7:60
“Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has desamparado?”
·         Profecía: Salmos 21:2
·         Cumplimiento: Mateo 27:46; Marcos 15:34.
“En tus manos encomiendo mi espíritu”
·         Profecía: Salmos 30:6
·         Cumplimiento: Lucas 23:46
La sangre del Mesías había de ser ofrecida para el perdón de los pecados.
·         Profecía: Éxodo 24:8; Levítico 17:11
·         Cumplimiento: Mateo 20:28; Mateo 26:27-28; Marcos 10:45; Marcos 14:24; Juan 15:13; 1 Timoteo 2:6; Hebreos 9:22, 25-28; 1 Juan 3:16
El Mesías había de morir antes de poder reinar completamente.
·         Profecía: Daniel 9:26-27
·         Cumplimiento: Mateo 16:21, 27; Marcos 8:31; Marcos 9:30-31; Marcos 10:33-34; Lucas 9:22; Lucas 17:24-25; Lucas 18:31-34
Había de morir en Jerusalén, fuera de sus muros, como sacrificio por los pecados.
·         Profecía en el Antiguo Testamento: Levítico 16:27
·         Profecía en el Nuevo Testamento: Lucas 13:33
·         Cumplimiento: Mateo 27:33; Marcos 15:22; Lucas 23:33; Juan 19:17; Hebreos 13:11-13
Como resultado de rechazarle, Jerusalén sería destruída.
·         Profecía en el Nuevo Testamento: Mateo 23:34-39; Mateo 24:1-3; Marcos 13:2; Lucas 13:33-35; Lucas 19:41-44; Lucas 21:5-6; Lucas 21:20-24; Lucas 23:28-31
·         Cumplimiento: Los judíos, liderados por los nacionalistas zelotes, se rebelaron contra Roma en el año 66 dC, y Roma los derrotó en el 70 dC.   Los romanos destruyeron el Templo (en Tisha B’Av, el día de duelo judío en que se conmemoraba la caída del Templo de Salomón a manos de los Babilonios), mataron a medio millón de personas, y esclavizaron o dispersaron a los judíos sobrevivientes   El proceso se repitió en 132-135 dC, con la desastrosa y futil revuelta liderada por Bar Kokhba, un aspirante a mesías.  
Había de ser enterrado por un hombre rico.
·         Profecía: Isaías 53:9
·         Cumplimiento: Mateo 27:57-60,
 Marcos 15:42-47; Lucas 23:50-56; Juan 19:38-42
El encierro de Jonás por tres días prefiguraba el entierro del Mesías.
·         Profecía: Jonás 1:17
·         Cumplimiento: Mateo 12:38-41; Lucas 11:29-32
CRISTO EL REDENTOR LA MUERTE DE CRISTO
La Biblia nos enseña que Jesús vino al mundo para redimir al hombre por medio de su muerte y resurrección. Desde el comienzo de su ministerio, él les dijo a los judíos: “Destruíd este templo y en tres días lo levantaré” (Juan 2.19). Los judíos no le entendieron y pensaron que él se refería al templo de Jerusalén que se llevó cuarenta y seis años para construírlo. Ellos no sabían que Jesús se refería a sí mismo, que él resucitaría tres días después de su muerte. Juan escribió que: “…cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2.22).
Jesús hizo varias declaraciones sobre su futura muerte. En respuesta a una pregunta que le hizo Nicodemo, Jesús dijo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado” (Juan 3.14). En su parábola del buen pastor, Jesús dijo que él vino “para que [los hombres] tengan vida…Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas…yo pongo mi vida para volverla a tomar” (Juan 10.10-11, 17-18). Esto fue una visión anticipada de su cruz y resurrección, lo cual se convertiría en una ofrenda voluntaria de su vida en plena armonía con la voluntad del Padre.
En respuesta a una petición para que diera una señal, Jesús declaró que ninguna sería dada, excepto “la señal del profeta Jonás…Porque como estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12.39-40; Mateo 16.4; Jonás 1.17). Ellos no recibieron respuesta alguna, porque dijeron que él sanaba (véase Mateo 12.24) con el poder de Beelzebú, es decir, el diablo (véase Mateo 12.24; Mateo 12.22-37). Tal parece que Jesús sólo pasó las noches del viernes y del sábado en la tumba. Los tres días y las tres noches a las cuales Jesús se refiere es una expresión judía para definir los días al contar las noches con los días (véase Ester 4.16; 5.1).
Después de la confesión de Pedro, que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16.16), Jesús les dijo a sus discípulos que él debía “ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, y de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día”

27 (Mateo 16.21; Marcos 8.31; Lucas 9.22). Él repitió esto en Galilea (véase Mateo 17.22-23; Marcos 9.30-31; Lucas 9.43-44; 17.25). Cuando llegó la hora que Jesús diera su vida, él fue a Jerusalén para la Pascua. Cuando le advirtieron que Herodes quería matarle, él dijo: “no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lucas 13.33). Camino a Jerusalén, Jesús explicó: “el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará” (Mateo 20.18-19; Marcos 10.33-34; Lucas 18.31-33). Luego, él explicó esto más adelante: “el Hijo del Hombre vino…para…dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20.28; Marcos 10.45).
Jesús pasó su última semana en la tierra físicamente con sus discípulos y en los alrededores de Jerusalén. Poco antes de la Pascua, él les dijo a sus discípulos otra vez: “…el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado” (Mateo 26.2). “Cuando Jesús supo que…debía salir de este mundo al Padre” preparó una cena especial para la Pascua con sus discípulos. Jesús tomó pan, lo partió y, repartiéndolo, dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26.26; Marcos 14.22; Lucas 22.19). Y luego, tomando la copa, dijo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión [perdón] de los pecados” (Mateo 26.27-28; Marcos 14.23-24). Él tomó la copa de la Pascua, un símbolo de liberación, y le dio un nuevo significado; el símbolo de que su sangre da vida nueva. Dos días después, en la Pascua, él murió en la cruz (véase Mateo 26.2). Entonces, él les dijo: “…después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”, refiriéndose a su resurreción (Mateo 26.32).
Los líderes de Jerusalén se opusieron grandemente a Jesús. Ellos usaron toda oportunidad disponible para culparle, deseando deshacerse de él. En este tiempo, Jesús una vez más purificó el templo. Ahí mismo, ante la multitud, Jesús denunció a los escribas y fariseos con muchos “ayes” porque ellos le ponían muchas cargas pesadas al pueblo, hacían obras sólo para ser vistos de los hombres, cerraban el reino para que los hombres no pudieran entrar e ignoraban los asuntos más importantes de la ley (la justicia, la fe y la misericordia) y eran los hijos de los que asesinaron a los profetas, etc. (Véase Mateo 23.) Y por estas reprensiones tan reveladoras, los líderes aumentaron sus esfuerzos para quitarle la vida (véase Mateo 26.3-4).
Inmediatamente, los gobernadores de los judíos arrestaron a Jesús y lo trajeron ante el tribunal. En su juicio, varios testigos falsos hicieron muchas acusaciones contra Jesús, pero ninguna era tan mala como para que lo sentenciaran a la muerte. Hasta que al final, ellos hallaron a dos que acusaron a Jesús de haber dicho: “…Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo” (Mateo 26.61; Juan 2.19). El sumo sacerdote quería que él contestara ante esas acusaciones, pero él permaneció callado. Entonces el sumo sacerdote, dijo: “Te conjuro por el Dios viviente” (así decían los judíos cuando querían poner a alguien bajo juramento) “que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 26.63). Según la ley, él tenía que responder, entonces Jesús dijo: “Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26.64).
En efecto, Jesús le estaba diciendo al sumo sacerdote que lo vería nuevamente en el juicio. El sumo sacerdote respondió: “¡Ha blasfemado!” (Mateo 26.65.) Los que le escucharon, gritaron: “¡Es reo de muerte!” (Mateo 26.66.) Por las mismas palabras de Jesús, los judíos tenían una acusación de blasfemia capital contra él (véase Levítico 24.16). Jesús dio su propia vida; ellos no se la quitaron. Tal y como ya él había dicho antes: “Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10.18).
Pilato, el gobernador romano, no halló ningún “delito…en este hombre” (Lucas 23.4). Él quería soltar a Jesús (véase Lucas 23.20, 23), pero recibió mucha presión de la multitud que gritaba: “¡Crucifícale, crucifícale!” (Lucas 23.21.) Y como Pilato temía una revuelta, él entregó a Jesús. Entonces simbólicamente se lavó las manos, dando a entender que estaba limpio de este acto ilegal (véase Mateo 27.24; Salmo 26.6; 73.13). Pilato entregó a Jesús para que fuese crucificado (véase Mateo
 27.26).
En seguida, Jesús fue preparado para la crucifixión, la muerte más cruel que jamás se haya ingeniado. A pesar de ser diseñada para darle al cuerpo una muerte lo más lenta y dolorosa posible, la misma también era considerada el castigo más vergonzoso de su tiempo. Y Jesús, el Inocente, el Hijo de Dios, el Creador, al sufrir la crucifixión murió una muerte indecible de sufrimiento físico y mental. Para nosotros, el dolor físico bastaría, pero el sufrimiento mental debió haber sido más allá de lo que las palabras pudieran expresar por la persona que Jesús es y por lo que sufrió mientras los hombres lo rechazaban. En un lugar llamado Gólgota (“el lugar de la calavera” Mateo 27.33; véase Marcos 15.22; Juan 19.17), el cual Lucas identificó en latín como el Calvario (véase Lucas 23.33), Jesús fue crucificado. Ningún escritor ha dado detalles descriptivos sobre la crucifixión. En la cruz, ellos pusieron una inscripción: “JESúS NAZARENO, REY DE LOS JUDíOS” (Juan 19.19). Los sacerdotes querían que Pilato quitara esa inscripción, pero Pilato les dijo: “Lo que he escrito he escrito” (Juan 19.22).

29   En su crucifixión, Jesús recibió más gritos sarcásticos de algunas de las mismas personas que habían depositado su esperanza en él: “Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mateo 27.40). También los líderes judíos se burlaron de él: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mateo 27.42-43; Marcos 15.29-32; Lucas 23.35-37).
Jesús soportó todo el sufrimiento de la cruz. Él rechazó la mezcla de vino fuerte y mirra, lo cual hubiera aliviado el dolor en cierta manera. Él vino al mundo para morir por los pecados de los hombres y soportó la plena extensión del sufrimiento. Y como su muerte fue un sacrificio voluntario, él oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23.34). Él deseó el perdón para aquellos que le causaron la muerte.
Durante las últimas tres horas que Jesús colgó en la cruz, toda la tierra se llenó de tinieblas (véase Mateo 27.45; Lucas 23.44), dándole a Jesús una profunda sensación de soledad. A la hora novena, (las tres de la tarde), Jesús gritó a gran voz: “Elí, Elí, lama sabactani”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27.46; Marcos 15.33-35; Salmo 22.1). Él dio este grito cuando por un momento sintió desolación, desamparo y desesperación. Algunos pensaron que él llamaba a Elías.
Como se aproximaba el momento de sacrificar el cordero de la pascua, Jesús sabía que él pronto iba a morir y dijo: “Tengo sed” (Juan 19.28). Alguien le trajo vinagre y “le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle” (Marcos 15.36). Él entonces clamó a gran voz diciéndo: “Consumado es...”, y “...entregó el espíritu” (Juan 19.30; Lucas 23.46). La muerte de Jesús completó su obra redentora. Al dar su sangre, la vida del cuerpo, él murió una sola vez y para siempre por los pecados de todos los hombres (véase Hebreos 9.12, 14, 26; Romanos 6.10).
En el momento de la muerte de Jesús, el velo del templo, que separaba el lugar santo del lugar santísimo, se rasgó de arriba hacia abajo en dos pedazos (véase Mateo 27.51; Marcos 15.38; Lucas 23.45). El velo rasgado simboliza el final del sistema de sacrificio y adoración del antiguo pacto.3 El velo había servido su propósito de preparar al hombre para Cristo. El velo rasgado significa que ahora hay acceso a Dios, disponible a todos los que entren por la Puerta y tomen del Pan de Vida.
3 Sin embargo, el templo y su sistema de sacrificio se mantuvieron vigentes hasta el 70 d.C. Y por un tiempo, hasta los discípulos lo frecuentaban (véase Hechos 2.46; 3.1; 5.20, 25, 42; 21.26).

30 Ya no hay más necesidad de sacrificios adicionales ni de un sacerdote, ya que Cristo ha “…ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados” (Hebreos 10.12; véase Hebreos 7.26-28).
En la muerte de Cristo tuvieron lugar otros sucesos, tales como terremotos y la apertura de sepulcros. Después de la resurrección de Cristo, varias personas resucitaron de la muerte y aparecieron en Jerusalén (véase Mateo 27.51-54). Un centurión, al ver estas cosas, dijo: “Verdaderamente, éste era el Hijo de Dios” (Mateo 27.54; Marcos 15.39; Lucas 23.47). La multitud, al ver lo que sucedía “…se volvían, golpeándose el pecho” (Lucas 23.48).
Como los judíos no querían que los cuerpos (de Jesús y de los dos criminales crucificados con él) colgaran en las cruces en el día de reposo, ellos le pidieron a Pilato que les quebrara las piernas para apresurar su muerte. Pilato envió soldados para que lo hicieran, pero cuando llegaron a Jesús ya había muerto, y por eso “no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19.33, 35). Estas cosas sucedieron para que se cumpliesen las escrituras: “No será quebrado hueso suyo”, y “…Mirarán al que traspasaron” (Luan 19.36-37; Éxodo 12.46; Números 9.12; Zacarías 12.10).

En el momento de la muerte de Jesús, el velo del templo, que separaba el lugar santo del lugar santísimo, se rasgó de arriba hacia abajo en dos pedazos Mateo 27.51; Marcos 15.38; Lucas 23.45). El velo rasgado simboliza el final del sistema de sacrificio y adoración del antiguo pacto.3 El velo había servido su propósito de preparar al hombre para Cristo. El velo rasgado significa que ahora hay acceso a Dios, disponible a todos los que entren por la Puerta y tomen del Pan de Vida.
3 Sin embargo, el templo y su sistema de sacrificio se mantuvieron vigentes hasta el 70 d.C. Y por un tiempo, hasta los discípulos lo frecuentaban.
En la muerte de Cristo tuvieron lugar otros sucesos, tales como terremotos y la apertura de sepulcros. Después de la resurrección de Cristo, varias personas resucitaron de la muerte y aparecieron en Jerusalén Mateo 27.51-54).
Un centurión, al ver estas cosas, dijo:
“Verdaderamente, éste era el Hijo de Dios” (Mateo 27.54; Marcos 15.39; Lucas 23.47). La multitud, al ver lo que sucedía “…se volvían, golpeándose el pecho” (Lucas 23.48).

Como los judíos no querían que los cuerpos (de Jesús y de los dos criminales crucificados con él) colgaran en las cruces en el día de reposo, ellos le pidieron a Pilato que les quebrara las piernas para apresurar su muerte. Pilato envió soldados para que lo hicieran, pero cuando llegaron a Jesús ya había muerto, y por eso “no le quebraron las piernas. 

LA MUERTE DE CRISTO NOS TRAJO SANIDAD ESPIRITUAL
 1 Pedro 2.24) y un mejor y nuevo pacto que incluía poner la ley de Dios en ellos, es decir, en sus corazones Jeremías 31.31-34; Hebreos 8.8-13; 12.24),
Donde todo creyente puede ser bendecido
Efesios 1:3-19.
El sacrificio de Cristo y su establecimiento del pacto reflejan la relación estrecha que hallamos en el Antiguo Testamento Salmo 50.5).

5 Algo que sabemos con seguridad es que los pecados del hombre no fueron transferidos a Cristo. Tal cosa no es enseñada en las escrituras. En primer lugar, en Levítico, los pecados del hombre eran transferidos al macho cabrío que dejaban ir por el desierto y no al macho cabrío que sacrificaban. Levítico 16.21-22).
Si el pecado hubiese sido transferido a Cristo entonces él no habría sido un sacrificio intachable (Levítico 1.3; 3.1; 4.3).
Además, la transferencia levítica era sólo para
pecados accidentales o rituales.
El hecho de que Jesús dio su sangre fue un acto de
 amor hacia los hombres y no el resultado de que la ira de su amoroso Padre estaba siendo derramada por nuestros pecados. Su sangre trajo perdón y reconciliación. 37 En nuestra cultura, en la que se “piensa como los griegos”, nos encanta expresar nuestras ideas con palabras. Sin embargo, los hebreos no siempre hacían esto. Por ejemplo, cuando nos preguntan sobre nuestro Dios, decimos que él es espíritu, santo, amoroso, justo, verdadero, eterno, omnipotente (que todo lo puede), omnisciente (que todo lo sabe), omnipresente ( que está en todas partes al mismo tiempo) inmutable (que no cambia), etc.

el sufrimiento de Jesús logró en la cruz. El Antiguo y el Nuevo Testamento, también la iglesia primitiva, explicaron lo que involucraba su sufrimiento en la cruz. Tenemos la plena seguridad que su obra enfatizó el amoroso cuidado de Dios por nosotros y que él sufrió por nuestros pecados.
Al hacer esto, nosotros podemos contemplar al “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29), para que así “vivamos a la justicia; y por cuyas heridas fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2.24-25).

Su obra trajo “gracia y verdad” (Juan 1:17) por la cual agradecemos y alabamos al Señor. Más adelante, Pedro escribe que Cristo “padeció una sola vez por los pecados, el justo por amor a los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).
Jesús enseñó que él sufrió para redimir al hombre.
 Él Fue el Siervo Sufriente ilustrado en. Isaías usó los términos dolores, herido, abatido (Isaías 53:4, 6(Mateo 20.28). (Lucas 9.22).
Pablo escribió que “hay un solo mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2.4-6).

Como Adán es el representante de todo hombre y “como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5.18-19; 1 Corintios 15.21-22, 45-50).
La obra de Cristo fue hecha por amor a nosotros (y no en lugar de nosotros).
 De este modo, él fue nuestro representante ante el gobierno moral de Dios. De esta manera, Dios pudo perdonar al creyente arrepentido y, a la vez, mantener el control de su creación.
Si Dios de una vez hubiera perdonado al hombre, sin la muerte de Cristo, el pecado  no se habría tomado tan en serio. Lo hubiéramos minimizado y, a la vez, hubiéramos pecado constantemente.

Al hacer pactos podemos ver el principio representativo. Dios hizo un pacto con Noé, diciéndo: (Génesis 9.9).
Además, Dios hizo un pacto con Abram.
(Génesis 15.18). (Génesis 17.4).
Dios también hizo uno con Jacob, el cual fue nombrado Israel Génesis 35.9-10). “
No con nuestros padres hizo Jehová este pacto,
 sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy
vivos” (Deuteronomio 5.3).
 Dios no se olvidó de estos pactos Éxodo 2.24;
Levítico 26.42; 2 Reyes 13.23; 1 Crónicas 16.15-
17; Salmo 105.10).
Veamos otros términos asociados con el “sacrificio” de Cristo.
Jesús venció a Satanás para que seamos vencedores
Varias escrituras nos enseñan que Jesús venció a Satanás y al poder del mal. Jesucristo, aunque es divino, vino en forma humana, (Hebreos 2.14-15).
(1 Juan 3.8). Él dijo yo “echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12.28).
Otras palabras que reflejan esto es cuando la escritura dice que “para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26.18).
Esto fue el cumplimiento de la promesa de Dios al hombre, después de lo que se conoce como la Caída. Jesús era aquél del cual Dios estaba hablando cuando le dijo a Satanás que él (Cristo) “te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.15).
Esto aquí fue sólo el comienzo de los problemas con Satanás y sus huestes de maldad. Cuando llegue el fin, el diablo será destruido. En el libro de Apocalipsis, Juan escribió: (Apocalipsis 12.10-11).

La muerte de Cristo capacita a los cristianos para
vencer la “carne”, o sea la “naturaleza
pecaminosa”. Como escribió Pablo: (Romanos 6.6).
 (Romanos 6.11-13).

Pablo, al escribir acerca de sus propias experiencias, dijo: (Gálatas 2.20).

Luego, él escribió (Gálatas 5.16-17,24).

RESURRECCIÓN:
Resucito de entre los muertos venció a la muerte.
Romanos 4:25.
1ª Corintios 15:4-5,20-22.

No sería dejado entre los muertos, y su cuerpo no había de corromperse.
·         Profecía: Salmos 15:10
·         Cumplimiento: Hechos 2:31
 
  1. Al tercer día, el Mesías había de resucitar de entre los muertos.
 Profecía en el Antiguo Testamento:
Salmos 15:10-11; Salmos 48:16; Isaías 53:10-12
   Profecía en el Nuevo Testamento:
Mateo 17:9, 22-23; Mateo 20:17-19; Mateo 27:63; Marcos 9:31; Lucas 9:22; Juan 2:19-22
 Cumplimiento: Mateo 28:5-10; Marcos 16:6-18; Lucas 24:4-28, 36-49; Juan 20-11-23

LA RESURRECCIÓN
Como se estaba aproximando el sábado, uno de los discípulos de Jesús, un hombre rico llamado José, le pidió a Pilato el cuerpo de Jesús. Después de haber recibido el cuerpo, José y Nicodemo envolvieron el cuerpo con lino y especias aromáticas, según la costubre judía, y lo pusieron en un sepulcro nuevo, cerca del lugar de la crucifixión. El sepulcro fue cerrado con una gran piedra redonda (véase Mateo 27.57-61; Marcos 15.42-47; Lucas 23.50-56; Juan 19.31-42).
Al día siguiente los judíos, al recordar que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día, le pidieron a Pilato que sellara el sepulcro y que lo asegurara con una guardia de soldados romanos (una “guardia” se componía de cuatro a dieciséis soldados). Los judíos temían que los discípulos se robaran su cuerpo y luego le dijeran a la gente: “Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero” (Mateo 27.64). Pilato les concedió su deseo y le ordenó a la guardia que asegurara la tumba lo mejor posible (véase Mateo 27.65) para que los discípulos no se pudieran llevar el cuerpo.
Como no hubo suficiente tiempo para preparar el cuerpo para el entierro, algunos de los discípulos decidieron regresar al sepulcro después del sábado para terminar la preparación. Muy de mañana, María Magdalena y la otra María vinieron al sepulcro de Jesús y allí experimentaron un gran terremoto y vieron un ángel descender del cielo. El ángel “removió la piedra” (Mateo 28.2). Tanto los guardas como las mujeres tenían mucho miedo. Pero, el ángel le dijo a las mujeres: “No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado; No está aquí, pues ha resucitado, como dijo, venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mateo 28.5-6; Marcos 16.6; Lucas
 24.5).
Los evangelios nos hablan de varios encuentros entre Cristo y sus discípulos, poco después de su muerte (véase Mateo 28.16; Marcos 16.12, 14; Lucas 24.13, 36; Juan 20.14-16, 19-24, 30; 21.1-14). En los siguientes cuarenta días, Jesús se reunió varias veces con sus discípulos y con otros (véase 1 Corintios 15.3-8). En este tiempo, los discípulos recibieron la Gran Comisión de parte de Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.19-20; Marcos 16.15-16; Hechos 1.8). Hasta que finalmente, cuando estaban reunidos en el Monte de los Olivos, cerca de Betania, llegó el momento de su ascensión. Jesús les explicó que el Espíritu Santo vendría y les daría poder para ser sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. Lucas escribió: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”. Y mientras ellos le observaban, “se pusieron ante ellos dos varones con vestiduras blancas…[y] dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1.9-11).
Cuando Jesucristo fue tomado para partir al cielo, su ministerio terrenal terminó después de haber durado tres años. Pero él no dejó a sus discípulos solos. El Padre envió al Espíritu Santo en el nombre de Cristo para enseñarles y recordarles sus enseñanzas (Juan 14.16, 26). Esto sucedió en el día de Pentecostés y marcó el comienzo del reino y de la iglesia. Juan, con palabras muy sencillas, nos resume lo que Jesús hizo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.16-17).
Como se estaba aproximando el sábado, uno de los
discípulos de Jesús, un hombre rico llamado José, le pidió
 a Pilato el cuerpo de Jesús.
Después de haber recibido el cuerpo, José y Nicodemo envolvieron el cuerpo con lino y especias aromáticas, según la costumbre judía, y lo pusieron en un sepulcro nuevo, cerca del lugar de la crucifixión.
El sepulcro fue cerrado con una gran piedra redonda (Mateo 27:57-61; Marcos 15:42-47; Lucas 23:50-56; Juan 19:31-42).

Al día siguiente los judíos, al recordar que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día, le pidieron a Pilato que sellara el sepulcro y que lo asegurara con una guardia de soldados romanos (una “guardia” se componía de cuatro a dieciséis soldados).
Los judíos temían que los discípulos se robaran su cuerpo y luego le dijeran a la gente: “Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero” (Mateo 27.64).
Pilato les concedió su deseo y le ordenó a la guardia que asegurara la tumba lo mejor posible. Mateo 27.65 para que los discípulos no se pudieran llevar el cuerpo.
Como no hubo suficiente tiempo para preparar el cuerpo para el entierro, algunos de los discípulos decidieron regresar al sepulcro después del sábado para terminar la preparación.
Muy de mañana, María Magdalena y la otra María vinieron al sepulcro de Jesús y allí.

Experimentaron un gran terremoto y vieron un ángel descender del cielo. El ángel “removió la piedra” (Mateo 28.2).
Tanto los guardas como las mujeres tenían mucho miedo. Pero, el ángel le dijo a las mujeres:
(Mateo 28.5-6; Marcos 16.6; Lucas 24.5).

Los evangelios nos hablan de varios encuentros entre Cristo y sus discípulos, poco después de su muerte Mateo 28.16; Marcos 16.12, 14; Lucas 24.13, 36; Juan 20.14-16, 19-24, 30; 21.1-14).

En los siguientes cuarenta días, Jesús se reunió varias veces
 con sus discípulos y con otros.1ª Corintios 15.3-8).
En este tiempo, los discípulos recibieron la Gran Comisión de parte de Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-16; Hechos 1:8).

ASCENCIÓN A LOS CIELOS:
Murió, y resucito a los tres días, y subió a los cielos.
1ª Timoteo 3:16. Marcos 16:19-20.

 Él había de ascender al Cielo y preparar un lugar para Sus seguidores.
·         Profecía en el Antiguo Testamento: Salmos 67:19; Proverbios 30:4; Isaías 52:13
·         Profecía en el Nuevo Testamento: Juan 6:62; Juan 14:2-3; Juan 20:17
·         Cumplimiento: Marcos 16:19; Lucas 24:51; Hechos 1:9-11; 1 Timoteo 3:16; Efesios 4:8-10
 
Hasta que finalmente, cuando estaban reunidos en el
 Monte de los Olivos, cerca de Betania, llegó el momento de su ASCENCIÓN. Jesús les explicó que el Espíritu Santo vendría y les daría poder para ser sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. Lucas escribió: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”.
Y mientras ellos le observaban, “se pusieron ante ellos dos varones con vestiduras blancas…[y] dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1.9-11).
Cuando Jesucristo fue tomado para partir al cielo, su ministerio terrenal terminó después de haber durado tres años. Pero él no dejó a sus discípulos solos. El Padre envió al Espíritu Santo en el nombre de Cristo para enseñarles y recordarles sus enseñanzas (Juan 14.16, 26).

Esto sucedió en el día de Pentecostés y marcó el comienzo
del reino y de la iglesia. Juan, con palabras muy sencillas, nos resume lo que Jesús hizo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.16-17).

INTERCECCIÓN:
Es el único mediador entre Dios y el hombre.
1ª Timoteo 2:5. Hechos 4:12. Hebreos 7:25-26.
  1. Había de enviar el Espíritu Santo sobre todos sus seguidores.
·         Profecía en el Antiguo Testamento: Proverbios 1:23; Isaías 44:3; Joel 2:28-32
 Profecía en el Nuevo Testamento: Lucas 24:49; Juan 14:26; Juan 15:26; Juan 16:7-15; Juan 20:21-23
·         Cumplimiento: Hechos 2:1-4, 16-21; Hechos 10:44-48; 1 Corintios 2:12-14
 
  1. Había de sentarse a la derecha del Dios, Padre, hasta que llegue el tiempo de que reine en la Tierra.
·         Profecía en el Antiguo Testamento: Salmos 109:1
·  Profecía en el Nuevo Testamento: Mateo 22:41-46; Marcos 12:35-37; Lucas 20:41-44
·         Proclamación por Cristo durante su juicio: Mateo 26:64; Marcos 14:62; Lucas 22:69
·         Cumplimiento: Hechos 2:33-36; Hechos 7:55-56; 1 Corintios 15:23-26; Efesios 1:20-23; Filipenses 2:9-11; Hebreos 1:3-5, 13; Hebreos 10:12-13
 
Él está con nosotros, hasta el fin de los tiempos.
·         Profecía en el Nuevo Testamento: Mateo 28:20.

ADVENIMIENTO:
El Señor vendrá por segunda vez para cumplir de manera literal los detalles restantes de las profecías, igual que tuvo lugar la primera vez. El gran cuerpo de profecía  cumplida hace que el segundo advenimiento sea cosa absolutamente esencial. Se ha prometido que:  
 Hebreos 9:28. Marcos 13:24-37.
Él vendrá personalmente.
 (Hechos. 1:11); Juan. 5:28. Hebreos 9:28
Mateo. 25:46.
Él vendrá personalmente (Hechos. 1:11);
Que los muertos oirán su voz (Juan. 5:28)
Que Él ministrará a sus siervos vigilantes (Lucas. 12:27)
Que volverá de nuevo a la tierra (Hechos. 1:11)
Al mismo monte lo de los Olivos desde el que ascendió (Zacarias. 14:4)
En llama de fuego (2 Tesalonicenses. 1:8)
En las nubes del cielo con poder y gran gloria (Mateo. 24:30)
Que sus santos (la iglesia) vendrán con Él (1 Tesalonicenses. 3:13)
Que todo ojo le verá (Apocalipsis. 1:7)
Que el destruirá al anticristo (2 Tesalonicenses. 2:8)
Que se sentará en su trono (Mateo. 25:31)
Que todas las naciones se reunirán delante de Él y que Él las juzgará (Mateo. 25:32)
Que el tendrá el trono de David (Isaías. 9:6 - 7)
Que será sobre la tierra (Jeremías. 23:5 – 6)
Que tendrá un reino (Daniel. 7:13 - 14)
y que la regirá con sus santos (Apocalisis. 5:10)
Que todos los reyes y todas las naciones le servirán (Salmos. 72:11)
Que los reinos de este mundo vendrán a ser su Reino (Zacarías. 9:10)
Que los pueblos se congregarán a él (Génesis. 49:10)
Que ante Él se doblará toda rodilla (Isaías. 45:23)
Que acudirán y adorarán al rey (Zacarías. 14:16)
Que Él edificará Sion (Salmos. 102:16)
Que su trono estará en Jerusalén (Jeremías. 3:17)
Que los Apóstoles se sentarán en doce tronos, juzgando a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28)
Que Él regirá sobre todas las naciones (Salmos 2:8 - 9)
Que el templo en Jerusalén será reedificado (Ezequiel 40 – 48) y la gloria del Señor irá a ella (Ezequiel 43:2 – 5)
Que la gloria del Señor se revelará (Isaías. 40:5)
Que el desierto vendrá a ser un campo feraz (Isaías. 35:1 - 2) y su habitación será gloriosa (Isaías. 11:10)

EL PERDÓN ES GRATUITO. NO TIENE NINGÚN PRECIO.
SOMOS SALVOS POR LA GRACIA DE DIOS.
GRACIA: es la demostración del amor de Dios de forma voluntaria desinteresada que recibimos de él sin merecerlo.
Romanos 3:24-25. Efesios 2:8-9. Tito 2:11,14.

CONCLUSION:
Dios, siendo Dios, dejo su trono y su soberanía, para
venir a este mundo y hacerse siervo, en semejanza de nosotros para mostrarnos su amor.

Sabiendo que éramos culpables de pecado, y que por cuya trasgresión éramos merecedores de la condenación eterna.
A él no le importó dejar su trono y venir a ocupar el lugar que merecíamos, y dijo yo pagare por ustedes el castigo que merecen por sus actos.
Por cuanto la justicia se tiene que cumplir, que todo el que peca, es de satanás, Pero  nuestro Dios en su grande amor por nosotros.
Nos mostró su amor cuando dejo su trono celestial y vino en semejanza de hombre para acercarse a nosotros.
Como su naturaleza divina es invisible y nosotros somos carnales no lo podemos ver, y por nuestros pecados no lo podemos oír, ni percibir.
Entonces Dios en su infinito amor por nosotros se hizo una vestidura de carne, para poder acercarse a nosotros en condición de humano.

Esta vestidura de carne la engendro especialmente para él, y le llamo hijo, y le puso por nombre JESUS el Cristo que significa el salvador escogido.
El cuerpo ¨ ósea la carne¨ es lo que nació y es a lo que Dios le llamo hijo.

¿Por qué?  Porque Jesucristo no fue engendrado por ningún hombre, si no por el poder de su espíritu Dios formo este cuerpo humano en el vientre de maría, y le dio el nacimiento.
Para habitar completamente en él, así que JESÚS es
completamente humano y completamente Dios porque se compone de un cuerpo humano que siente las mismas cosas que nosotros ejemplo: el sintió hambre, sed, frio, dolor, miedo, ira. Etc…
Pero su parte interior es Dios mismo, el que da vida y movimiento a ese cuerpo que es Jesucristo.
Está compuesto por dos componentes cuerpo y el espíritu de Dios.
Jesucristo que es el cuerpo no es independiente de Dios.
Porque Jesucristo no tiene un alma como nosotros, nosotros somos independientes de Dios porque estamos compuestos de 3 componentes, cuerpo, alma, y espíritu.
El cuerpo fue lo que Dios creo del polvo, el espíritu es de Dios, que es el aliento de vida que él puso en nosotros para darnos vida, él puso parte de su espíritu en nosotros, en cambio en Jesucristo su hijo el no puso parte de su espíritu  si no que el mismo habito en ese cuerpo.

El tercer componente de nosotros es el alma que fue la que surgió de la unión o mescla entre el polvo y el espíritu de Dios.
A lo que Dios le dio vida se llama alma y es independiente del espíritu de Dios por eso cuando se termina en nosotros el ciclo de vida el espíritu de Dios que nos Dio vida vuelve a Dios.
Este cuerpo vuelve al polvo, y queda el alma viviente
 que es el producto que creo Dios y es lo que el viene a salvar de la condenación.

Jesucristo espíritu viviente, nosotros almas vivientes, 1º corintios 15:45. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Como vemos Jesucristo no fue formado por tres componentes porque Dios no formo este cuerpo para que cumpliera un ciclo de vida aquí en la tierra, sino para habitar en él, por eso dice en juan las palabras de JESÚS: Que la vida está en él, porque quien da la vida es Dios.
Juan 5.26.  Juan 14:11
Y entregar a su hijo JESUS (su carne) como cordero en sacrificio por nuestras culpas, y limpiarnos del pecado.

Y aunque Dios nos ama y no quiere que nadie se  pierda, no puede incumplir sus propias reglas, porque si lo hiciera dejaría de ser justo y recto.
Eso es lo que es ser Dios.
Por eso nadie puede ser como Dios, porque todos nosotros siempre echamos abajo nuestras propias reglas cuando queremos algo a nuestro gusto.

Pero Dios en su infinito amor por nosotros tampoco nos quiere perder, pero él no puede pasar por alto el castigo por la desobediencia, y el avernos hecho esclavos del diablo, y no haber cuidado ni valorado la vida que nos dio.
Pero nuestro Dios es tan misericordioso y bondadoso que no nos paga de la misma forma, Dios dejo desde los tiempos antiguos, como se debía ofrecer sacrificio a Dios para recibir perdón por las ofensas que hemos cometido contra él.
El hombre tenía que ofrecer un cordero y sacrificarlo para Dios, tenía que ser el mejor sin defecto alguno, y el sacrificio tenía que hacerse de la forma que nuestro Dios lo había dejado estipulado, si se hacía de otra forma no era recibido.
Así, mismo, Dios cumplió los mismos requisitos sin  importar que él fuera Dios.
No  rompió sus reglas, así que para la liberación de nuestro castigo Dios ofreció un cordero sin mancha ni pecado, para el perdón, y liberación de nuestros pecados Dios cumplió con todos los requisitos.

En la antigüedad los hombres para cubrir sus pecados, ofrecían sacrificios, y se habían conformado con cada año hacer este ritual así se despreocuparon por obedecer y agradar a Dios.
Y ya no hacían nada para mantenerse lejos del pecado.
Dios viendo que la sangre de los animales, que ellos ofrecían
en sacrificio, no los limpiaba del pecado, sino por lo contrario fueron hundiéndose en el pecado conformándose así con ofrecer un sacrificio  a cambio de obedecer.

Dios vio que el hombre ya no le importaba respetarlo, ni tener una relación de amistad con él, por eso anuncio que vendría un salvador a este mundo, que sería el cordero que quitaría el pecado en el hombre.
El hombre no puede proveerse su propio cordero porque todo ya está contaminado por el pecado.

Por eso Dios vino a este mundo para mostrarnos su amor, Jesucristo siendo Dios divinamente no necesitaba venir y hacer todo esto, solo bastaba que nos perdonara  y  ya.

Pero Dios nos hizo con un alma libre de decidir qué camino  tomar, por eso vino a enseñarnos nuevamente como son las cosas.
Y ayudarnos a creer en él nuevamente, porque por
causa del pecado en nuestra mente, “alma” se  han borrado los recuerdos de ese Dios maravilloso, y nos hundimos en el desorden y la desobediencia porque empezamos a creer que debíamos vivir y hacer todo lo que quisiéramos porque después de la muerte ya todo acaba.

Pero Dios vino en su vestidura de carne para mostrarnos que si hay vida después de la muerte.
Y ayudarnos a recobrar la fe en Dios para que pudiéramos beneficiarnos del sacrificio de su hijo Jesucristo.
Y mientras llegaba la hora y el momento de su  sacrificio, Dios por medio de su hijo Jesucristo se acercaría a nosotros para contarnos quien es él, y a que había venido, y sobre  el sacrificio de su hijo Jesucristo, también nos enseñaría como debemos vivir y las cosas que debíamos hacer los que queramos aceptar la invitación de reconciliarnos con él, para pasar con él a la eternidad.

Nuestro señor Jesucristo tenía que convencernos y mostrarnos las cosas sin hacer uso de ninguno de sus atributos de poder, que lo caracterizan como Dios.
Este poder solamente lo uso para beneficiar al hombre en cuanto a sanidad, y milagros de liberación y otros detalles pero jamás los uso para manipular la mente del hombre, ni tampoco los uso para evitar las aflicciones y adversidades que vivió como ser humano.

Él nos mostró que no le evito a su  hijo el tener que vivir todas esas situaciones de su carne como debilidades y tentaciones, pues el diablo vino a tentar su carne como lo hace con todos nosotros pero Jesucristo nos mostró como disciplino y sujeto su humanidad a la voluntad de Dios por medio del ayuno y  oración para  que cuando le llegaron todas esas dificultades acudió a su padre.
Y el poder de su espíritu para controlar todos los impulsos y emociones de esa carne.
Dejándonos así como ejemplo para que cuando nosotros estemos viviendo momentos de debilidad o tentación también acudamos a nuestro padre celestial quien habita también dentro de nosotros y él nos ayudara a vencer las debilidades de nuestra humanidad.

Dios nos mostró por medio de su hijo Jesucristo que nada le impidió cumplir el propósito para lo que había venido a esta tierra, y por último se entregó en sacrificio y con su sangre lavo nuestros pecados y por sus heridas y llagas fuimos nosotros curados.

De  nuestras heridas del alma y enfermedades así cumplió su propósito de salvar al hombre de su castigo, resucitando a los tres días después de su muerte, y se presentó a sus seguidores para mostrarles que todo lo que les había dicho fue verdad y que si hay vida después de la muerte.


También prometió que no estaríamos solos, que aunque no lo viéramos físicamente él estaría con nosotros.
Por medio de su naturaleza espiritual está dentro de nosotros, solo debemos buscar dentro de nosotros y desear sentir su presencia y así permitirle que él nos
guie en las cosas que debemos hacer.
Prometió darnos fuerzas, consuelo, sabiduría, sanidad, y ayudarnos a obedecerlo por medio de su espíritu  santo.
Mientras el regresa por nosotros, porque el prometió venir por segunda vez para llevarnos con él y no ha venido aun por nosotros porque él está esperando que todos pasen al arrepentimiento y todos los que somos de cristo debemos pasar por el proceso de santificación, debemos apartarnos de las costumbres y festejos de este  mundo” para ser purificados y así partir con él a la eternidad.

1º pedro 1:22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
Nos dejó las sagradas escrituras para que lo conozcamos y aprendamos como debemos vivir mientras nuestro señor y salvador Jesucristo viene por nosotros.
Por ultimo nos dejó la oración como medio por el cual podemos hablar con él y buscar su presencia, para estar en comunión y recibir el consuelo y nuevas fuerzas.

LA IMPORTANCIA DEL PASO DE CRISTO POR LA VIDA HUMANA.
Esto radica en que Él tenía que cumplir la Ley de Dios para que se demostrase que Dios no miente, cuando dice que el que cumpla toda la Ley vivirá por ella. Satanás, y  su reino de la muerte solo tienen poder contra aquellos que no cumplen la Ley.
Los  613 mandamientos en obra  y en intención del alma. El hombre no los puede cumplir, solo Dios  puede. Cuando Cristo lleva la carga de nuestros pecados en Si, paga por nosotros, en nuestro lugar, pero no paga por Él, puesto que Él no peca, porque el pecado es apartarse de Dios mientras que Él es Uno con el Padre.
Hechos 2:31.  Apocalipsis 1:18.
Cristo dijo: es necesario que se cumpla toda justicia, porque Él sabía que el Padre, que es justo, no podría dejar su alma en el hades, porque Él permaneció en obediencia y demuestra que es La Vida, y tras la muerte física es resucitado para demostrar que todo dominio y potencia están bajo Su poder.

En el hades anuncia la justicia de que el Padre le dará vida, y ese anuncio se hace en la eternidad, donde se le anuncia a todos los muertos, a todos los hombres que el Padre le resucitará de los muertos, para que si se arrepienten tengan vida de nuevo, en la resurrección con Él y esta vida es eterna.
La muerte en nosotros ya no tiene poder en cuanto que si aceptamos que Él ha llevado nuestra culpa de desobediencia a Dios y nuestro pecado de vivir sin Dios y de que hemos servido al enemigo de Dios en vez de a Él, en Cristo tenemos vida y esta nueva vida es para la eternidad, sin el imperio de la muerte y sin las tentaciones de este mundo.
Vemos que la salvación es gratuita, Dios ya hizo su parte, EL pagó el precio del castigo por nuestros pecados y nos hizo libres.

Ahora a nosotros nos toca, hacer nuestra parte.

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